Una ciudad con alto colesterol
Si se pudiera hacer un diagnóstico clínico de las arterias del corazón de la ciudad de Córdoba, seguramente revelaría que tienen el colesterol por las nubes. Como simple analogía, se podría decir que el tránsito sufre de hipercolesterolemia.
Los seres humanos tenemos arterias por las cuales circula sangre. La ciudad también las tiene, sólo que por ellas circulan vehículos.
Cuando las personas tienen exceso de colesterol, sus arterias se achican y generan riesgo de afecciones cardiovasculares. Cuando las calles no pueden absorber el enorme volumen de tránsito, la ciudad se congestiona y enferma a los conductores.
“Vista desde arriba, la capital cordobesa luce como una persona excedida de peso, que no se cuida y que sigue engullendo vehículos sin parar. Eso, además, le provoca estreñimiento”, sostiene Cacho Yerom, asesor permanente de esta columna.
Sólo por las venas del gran centro capitalino –con vestigios inocultables de su trazado colonial– circulan diariamente unos 400 mil vehículos. Ese flujo alcanza y sobra para que en esa zona, y en situaciones normales, el tránsito sea una experiencia tortuosa.
“Por esa razón, cualquier mínimo arreglo de un bache, un caño roto, una manifestación o un choque es equivalente a un ‘coágulo’ capaz de causar un ‘accidente cerebro vehicular’”, agrega Yerom, irónico.
El momento más difícil se da entre las 11 y las 13, según fuentes de la Central de Semáforos Inteligentes de la Municipalidad de Córdoba. Los otros horarios críticos son de las 7 y las 8 a las 18.30 y 20.30, en coincidencia con el movimiento en las escuelas y el fin de la jornada laboral.
Tránsito lento. Es difícil recuperar a un paciente después de un infarto y, sobre todo, cuando sus arterias están colapsadas. Esto le pasa a la ciudad de Córdoba, pese al empeño y parches que han puesto las distintas gestiones municipales.
Por caso, uno de los últimos remedios en la avenida Colón, unos bastones que limitan el carril selectivo, serían una especie de stents frente a la imposibilidad de ensanchar la arteria. Así como la hipercolesterolemia, por definición, no se considera una patología sino un desajuste metabólico que puede contribuir a muchas enfermedades, un tránsito colapsado, también. En ese sentido, la gran congestión es causal de la alta siniestralidad vial. Se producen más de 30 accidentes con lesionados por día y un accidente con víctimas fatales cada 76 horas.
Otra consecuencia desafortunada de la congestión arterial es el tránsito lento. “La ciudad debería iniciar un urgente tratamiento, con base en toneladas de ese yogur tan recomendado para las personas con estreñimiento”, finaliza Yerom.

