Estrés. Por qué la ciencia recomienda hacer reír a los niños

Una investigadora explica por qué el humor compartido entre padres e hijos activa la neuroplasticidad y eleva las sustancias químicas asociadas al bienestar.

26 de mayo de 2026 a las 12:17 p. m.
Por qué la ciencia recomienda hacer reír a los niños
Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas.

Hacer reír a los niños no es solamente una cuestión de entretenimiento. Según una investigadora de la Universidad de Middlesex, en el Reino Unido, la risa activa regiones clave del cerebro infantil, reduce las hormonas del estrés y fortalece el vínculo afectivo entre padres e hijos.

Jacqueline Harding, directora de Tomorrow's Child e investigadora visitante en esa casa de estudios, sintetiza años de investigación en su nuevo libro El cerebro que ama reír: Una guía visual del humor y la conexión humana en la primera infancia.

"Cuando vemos reír a los niños, presenciamos la brillantez del cerebro en acción: aprendiendo, conectando y creciendo", dice Harding.

Lo que ocurre en el cerebro cuando un niño ríe

Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas.
Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas. (Magnific)

La risa activa una red distribuida de regiones cerebrales que incluye las áreas motoras y la corteza prefrontal. Este proceso precede incluso al desarrollo neuronal del habla y tiene efectos directos sobre la frecuencia cardíaca, la respiración y la producción de anticuerpos.

Además, disminuye las hormonas del estrés, cortisol y adrenalina, e incrementa la producción de dopamina, serotonina y endorfinas, sustancias asociadas al bienestar y la motivación.

Estudios de neuroimagen citados por Harding sugieren que el humor exige un esfuerzo cognitivo concreto: el cerebro debe predecir y resolver la tensión entre ideas contradictorias, lo que activa la neuroplasticidad, la memoria de trabajo y los lóbulos frontales.

Por qué reír juntos también protege a los padres

Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas.
Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas. (Magnific)

El impacto no es sólo en los niños. Según la investigadora, la risa compartida entre padres e hijos eleva los niveles de oxitocina, la hormona vinculada al afecto, y mejora la sincronización neuronal durante las interacciones.

Esto contribuye a fortalecer el vínculo emocional y, al mismo tiempo, a reducir el agotamiento y el estrés parental. No se trata de contar chistes, aclara Harding: el juego espontáneo, el contacto visual y la atención compartida en una tarea tienen el mismo efecto.

"El juego espontáneo y gozoso es un antídoto contra el estrés, ya que aumenta los niveles de endorfinas que libera el cerebro", señala la especialista.

Las primeras experiencias emocionales dejan huella

El libro también aborda el desarrollo del sistema límbico, que regula emociones, comportamiento y memoria a largo plazo, y su relación con las funciones ejecutivas del cerebro.

Según Harding, las experiencias emocionales tempranas quedan grabadas en la estructura cerebral. "El estado emocional de los niños pequeños influye directamente en cómo se desenvuelven en el mundo", afirma.

En el caso de niños que ya atravesaron situaciones traumáticas, la investigadora sostiene que infundir alegría de manera gradual puede ayudarlos a recuperar la sensación de seguridad y a abrirse a nuevas experiencias.

Un llamado a repensar la educación inicial

Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas.
Hacer reír a los niños puede crear vínculos emocionales profundos y calmar su sistema nervioso, haciéndolos más resilientes y abiertos a nuevas ideas. (Magnific)

Harding cuestiona los protocolos actuales de educación infantil y aboga por integrar el humor en los entornos educativos. Argumenta que favorece el aprendizaje, mejora la retención de conceptos y estimula la conexión entre estudiantes y docentes.

"La risa que padres e hijos comparten no sólo mejora el ambiente en casa: también deja huella en el cerebro infantil, favorece su bienestar emocional y les ayuda a afrontar mejor el estrés", concluye la investigadora.