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Basura negra, basura blanca

Aunque la mugre se junta en todas partes, en ninguna es tan dantesca como en las escaleras de los centros comerciales. Ese sí que es realismo sucio. Rosa Bertino.

20 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
Basura negra, basura blanca

Ayer, los queridos niños regresaron al colegio. Como corresponde, en el primer día de clases ya empezaron a cernirse nubes de paros docentes y/o estatales. ¿No habían firmado un acuerdo? ¿Qué firman, cuando firman?

Pero no es de eso de lo que queríamos hablar. Tampoco es que nos haya molestado tenerlos en casa, angelitos de Dios. Lo malo de este receso invernal, es que vino con un frío de aquellos. Muy lindo el paisaje blanco, pero ni forma de ir a retozar por parques y paseos. Hubo que encerrarse en algún lado, lo cual resultó muy beneficioso para los shoppings e incluso para los espectáculos infantiles en vivo. Pero a los demás nos significó una erogación de órdago.

El lado bueno de las familias ensambladas, disfuncionales, reconstituidas, extendidas o como gusten llamarlas, es que aportan un significativo número de adultos. Esto se percibe en la variopinta cola del cine, cuando una vocecita dice "a esa ya la vimos con Claudio, el otro novio de mi mamá", o "la amiga del abuelo prometió comprarme una Fiona que hace ruidos".

Sucia realidad. Aunque la mugre se junta en todas partes, en ninguna es tan dantesca como en las escaleras de los centros comerciales. Ese sí que es realismo sucio. Los chicos crecieron en la cultura del despilfarro, la chatarra y la atención dispersa. Pero a los grandes todavía nos choca. Como se dice siempre, el entretenimiento actual está diseñado para una franja que oscila entre los 8 y los 14 años. El adulto que vaya y abone, así pueden estar juntos un rato. El éxito de Avatar , Aprendiz de Brujo o Encuentro Explosivo , donde la actuación de Tom Cruise es inferior a la de un vecinito explicando lo injusto de una penitencia, se basa en esa fórmula. Y en las demandas de la familia actual.

Los pisos quedan hechos un horror, a consecuencia del ingreso con bidones de pururú y gaseosas. "!Son unos maleducados! !No puede ser que los empleados tengan que ir limpiando detrás de ellos!", se indignó una señora, al ver el chiquero dejado por una bandada de adolescentes. Es hora de preguntarnos de dónde y de quiénes, sale esa incultura.

Desestimulación. En cuanto a la mente, no podemos predecir en qué estado queda. Los filmes infantiles son de veras un prodigio. Sin embargo, para ver un chico armando un juego, con buenos y malos, sustos y recompensas, escondrijos y hallazgos … hay que ir a ver Toy Story . La cual, por supuesto, está hecha por un batallón de adultos. En la vida cotidiana, los niños interactúan cada vez menos con sus juguetes y con amigos de carne y hueso. La Play Station y el "videismo" reemplazaron a la creatividad, y al compañero.

También es fácil deducir por qué los docentes se quejan tanto de la desconcentración del alumnado. Durante la proyección, los chicos ponen el celular en modo silencio y se la pasan intercambiando mensajitos y fotos. Estos hábitos ni siquiera son francamente espontáneos. Más bien son estimulados. Todo está diseñado para acostumbrarlos y acostumbrarnos, un término que suena mejor que "domesticarnos". La basura que consumen y producen las nuevas generaciones es un poroto al lado del derrame de petróleo en el Golfo de México. 500 millones de litro de crudo que el planeta tardará años en reabsorber. Los ambientalistas pusieron el grito en el cielo. Una empresa de videojuegos, lo puso en el rédito. Creó un entretenimiento electrónico, titulado "Crisis en el Golfo" y lo lanzó en Estados Unidos a una cifra irrisoria. Al final, todo es parte de todo.