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Baldassi: Perdón, fui un papá ausente

Héctor Baldassi reflexinó sobre el Día del Padre: "Hoy, en un día tan especial y mirando todos desde más lejos, tengo ese reproche dándome vueltas por el cuerpo"

19 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Héctor Baldassi
Baldassi: Perdón, fui un papá ausente

-Hola, amor, ¿Cómo le quedó el disfraz a Bauti? ¿Está actuando bien? Andá contándome por acá qué hace. Ponete cerca de un parlante que quiero escuchar todo el acto. ¿Y Julieta? ¿Y Luciana?

El diálogo con mi señora, Belkis, ocurrió 9 años atrás. Yo, por trabajo, estaba en  Bueno Aires a días de dirigir un Superclásico. Bautista, en Salsipuedes y a 800 kilómetros, salía -tímido y atrevido al mismo tiempo- por primera vez disfrazado de un personaje de la selva. Es que ese día se festejaba la jornada de los jardines de infantes.

Aquella vez, como muchas otras más, el fixture y el trabajo me volvieron a sacar tarjeta roja: por más que quisiera, me perdería el debut de mi enano en su celebración de jardín. Hice mil intentos por estar, pero los 800 kilómetros de distancia seguían intactos.

Y así, podría enumerar muchísimas situaciones más. De esas cotidianas que pasan una sola vez en la vida y, como la vida misma, se esfuman para no volver más.  Esos recuerdos vienen con reproches en mi conciencia. Y mi corazón.

Es que si bien siempre estuve al lado de mis hijos (Julieta de 23, Luciana de 20 y Bautista de 12) en algún rincón de mi cabeza tengo la sensación de que fui un papá ausente. Ausente, qué palabra más pesada…

No hay día que no le agradezca a Belkis por la crianza que les dio a mis 3 amores. Es que yo tuve que resignar esos días gloriosos y que no volverán  por una sola razón: que ellos tuvieran todo. O, mejor dicho, que no les faltara nada.

Hubo ecografías que no vi, consultas médicas en las que no aparecí. Papás de los colegios que nunca conocí ni siquiera sus nombres. Me perdí torneos de patines, de gimnasia artística. Me perdí despertarlos un montón de veces y volverlos a acostar. Me perdí los primeros días de clases que después traté de reconstruir con fotos pero claro, no fue lo mismo.

Participé de cumpleaños vía telefónica. Me enteré por la misma vía cuando uno de mis 3 enanos pasó de gatear a dar sus primero pasos.  Me pasó a mí y, creo, le pasó y pasa a muchos papás. Es algo que excede a la profesión arbitral y trasciende a los distintos rubros y profesiones. Es la vida que uno elige, a veces, sin más opciones.

Hoy, en un día tan especial y mirando todos desde más lejos, tengo ese reproche dándome vueltas por el cuerpo. Y se los digo a ellos -ya adolescentes- y sólo recibo como respuesta  un “está perfecto lo que hiciste, papá. Te lo vamos a agradecer  toda la vida”.

Lástima que la justificación -casi a coro- no me llena ni puede reemplazar los momentos que perdí. O que perdimos.

Feliz día para todos.