Estamos quemados. Por qué Argentina lidera el "burnout" y qué señales da el cuerpo

El país encabeza el ranking de agotamiento laboral en América Latina por cuarto año consecutivo. Un médico y una especialista en mindfulness explican cómo el estrés crónico se instala antes de que nos demos cuenta.

23 de julio de 2026 a las 11:23 a. m.
Por qué Argentina lidera el "burnout" y qué señales da el cuerpo
Por qué el burnout dejó de ser un problema individual para convertirse en un fenómeno cultural.

El 92% de los trabajadores en Argentina dice sentirse "quemado". El dato, que surge del Estudio Burnout 2025 de Bumeran, ya no sorprende. El país lleva cuatro años consecutivos al tope del ranking regional de agotamiento laboral. Lo que todavía falta, según los especialistas, es entender por qué.

En diálogo con La Voz, los autores de Vivir contra el reloj sostienen que el burnout no es sólo el resultado de jornadas extensas o de la presión en el trabajo. Plantean que el problema responde a una forma de vida que empuja a vivir acelerados, desconectados de las necesidades del cuerpo y con la productividad como principal medida del valor personal.

Esa combinación, advierten, termina pasando factura tanto a la salud física como a la mental.

Por qué nos estamos quemando

Para el médico psiquiatra Diego Robatto, el problema tiene dos dimensiones: una individual y otra cultural.

"Tanto el sistema público como el privado le exigen al cuerpo y la mente de sus trabajadores una disponibilidad que ningún sistema nervioso puede sostener sin descanso adecuado", señala.

Las guardias médicas de 24 o 36 horas, los turnos rotativos en fábricas, las demandas laborales fuera de horario en la docencia son, para él, disruptores cronobiológicos que atentan contra los ritmos naturales.

Para Clara Badino, coautora del libro y referente en mindfulness, el problema también tiene una raíz cultural. Ella sostiene que la sociedad asocia el rendimiento con estar siempre en movimiento y que las pausas suelen percibirse como una pérdida de tiempo.

Sin embargo, advierte que trabajar desde una inercia de sobreexigencia termina agotando los recursos físicos y mentales, mientras que encontrar ritmos sostenibles permite mantener la energía sin caer en la desregulación.

Esa lógica de vivir siempre disponibles, explican los autores, no se manifiesta de un día para otro. El organismo suele advertirlo mucho antes de que aparezca el diagnóstico de burnout, aunque esas señales suelen pasar inadvertidas o naturalizarse.

Cuando el cuerpo empieza a avisar

Por qué el burnout dejó de ser un problema individual para convertirse en un fenómeno cultural.
Por qué el burnout dejó de ser un problema individual para convertirse en un fenómeno cultural. (Magnific)

El cuerpo siempre da señales. Primero, las sutiles, como dificultad para dormir, despertarse antes del despertador, sobresaltarse con cada notificación. Después llegan las más evidentes, como angustia, dolor en el pecho, falta de aire, irritabilidad extrema. Por último, las que afectan la funcionalidad: no poder concentrarse, no resolver situaciones, un agotamiento que no cede con el descanso.

¿Por qué las ignoramos? "Vivimos una época signada por la productividad y el hacer, no por el ser ni por el mero existir", explica Robatto. "Aquel que resulta útil al grupo es valorado. Y la cultura occidental concibió al cuerpo como una máquina que transporta a la mente".

Cuando alguien finalmente nota que ya no disfruta lo que siempre fue su vocación, suele sentir que fracasó. "Como si el cuerpo y la mente fueran inmunes al desgaste", dice el médico.

El mindfulness que se convirtió en producto

Por qué el burnout dejó de ser un problema individual para convertirse en un fenómeno cultural.
Por qué el burnout dejó de ser un problema individual para convertirse en un fenómeno cultural. (Magnific)

La práctica acumula décadas de evidencia científica, pero también se convirtió en una industria: aplicaciones, retiros, certificaciones exprés. Para Robatto, eso genera un problema real y concreto.

Badino aclara que el libro no propone un elogio de la lentitud. La clave, dice, está en encontrar los ritmos precisos que permitan producir desde una energía que se recicla, no desde una inercia que agota.

Para quienes tienen dos trabajos, hijos a cargo y poco margen de tiempo, la especialista sostiene que incluso en los contextos más demandantes es posible cultivar algo fundamental: la conciencia de lo que se siente. "Ese estado de conciencia es en sí mismo prevención y protección", señala.

El primer paso, coinciden los autores, no requiere aplicaciones ni retiro. Requiere algo más difícil: una pausa, un instante de silencio, escuchar al cuerpo antes de que tenga que hablar más fuerte.