Una amistad de 22 años en el mismo bar
No se hacen regalos para los cumpleaños. No se hablan para saber cómo andan. Ninguno sabe muy bien qué hace el otro.
No se hacen regalos para los cumpleaños. No se hablan para saber cómo andan. Ninguno sabe muy bien qué hace el otro. Es que tienen una premisa: hablar de cualquier cosa, menos del trabajo. Eso sí: desde hace 22 años, estos 10 amigos de la adolescencia mantienen el rito de juntarse viernes de por medio, a las once de la noche, siempre en el mismo lugar. Lo hacen en La Alameda, el tradicional bar con las paredes cubiertas de servilletas engraffittadas, en la calle Obispo Trejo, a metros del viejo Rectorado de la UNC.Cada 15 días, Gabriel, Manuel, Leo, Edgardo, Carlos, y Benjamín alimentan el rito que los une sin importar el clima o el cansancio de la semana. A veces se suman Ariel, Damián, Meshu y Renán.En esas mesas desplegaron sus éxitos, sus fracasos -siempre mayoría-, sus desamores y los capítulos más felices y más tristes de sus vidas.Se caracterizan por la falta de tacto para comer, beber, hablar o contener a los necesitados. También tienen grandes dificultades para esquivar los vicios, ser amables o permitir que otra gente ingrese a la reunión de los viernes. Es más: si cada uno de ellos tuviera que escoger a sus amigos por las características que les gustaría que tuvieran, ninguno de los 10 se elegiría.Pero el destino los puso allí, ellos no ofrecieron resistencia y ya no tiene sentido negarlo, aunque ellos crean que es cursi reconocerlo: son amigos del alma. Varios de ellos cumplen en 2011 los 40 años, otro motivo -aunque no más importante que ninguno- para brindar y renovar el compromiso de la liturgia quincenal. A veces, no cantar ausente también significa pelearse con sus parejas, algo a lo que ya están acostumbrados.Todos creen que juntarse esta noche es un mero sentimentalismo. Pero no lo suspenderían por nada. Aunque no sea viernes.

