Educación. Amenazas en escuelas: entre miedo, bromas y soledad, cómo viven los chicos la ola de pintadas

Las amenazas de tiroteos que aparecieron en baños y paredes de escuelas de todo el país encendieron alarmas en la comunidad educativa. Estudiantes de distintos niveles cuentan cómo lo viven y especialistas advierten sobre el impacto emocional y la necesidad de contención.

25 de abril de 2026 a las 06:01 p. m.
Amenazas en escuelas: entre miedo, bromas y soledad, cómo viven los chicos la ola de pintadas
Alumnos de distintas escuelas de Córdoba lanzaron una campaña para advertir sobre los mensajes violentos.

“¿Sabían que en el secundario hoy va a haber un tiroteo?”. La frase, dicha por un niño de 10 años en un aula de Córdoba, bastó para desatar el miedo. Algunos compañeros empezaron a llorar. Otros quedaron en silencio. Esa noche, uno de los chicos metió una piedra en la mochila. “Es para defenderme mañana”, le dijo a su mamá. Para otros sólo se trata de una broma o una oportunidad para "zafar" de alguna prueba.

La escena no es un caso aislado. En las últimas semanas, una ola de pintadas con amenazas de ataques armados en escuelas generó preocupación en todo el país.

El fenómeno se produce poco después del tiroteo ocurrido en San Cristóbal (Santa Fe), donde un adolescente mató a un compañero, y en medio de la circulación de contenidos en redes sociales que replican o banalizan este tipo de violencia.

En ese contexto, la pregunta ya no es solo qué está pasando, sino cómo lo están viviendo los chicos y cómo se puede contenerlos en las aulas y en las familias.

Miedo, nervios y silencios

En una escuela primaria de la zona sur de la ciudad de Córdoba, las amenazas aparecieron en el baño de mujeres. Roque, de 8 años, lo cuenta con naturalidad, aunque el impacto es evidente.

“Vino mi amigo y nos dijo que vio la pared. Después la seño nos explicó que no se deben hacer estas pintadas porque no está bien, genera miedo en los compañeros”, relató en diálogo con La Voz.

El niño asegura que no tiene miedo, pero reconoce otra emoción: “Estamos nerviosos. Porque no nos gusta que pasen estas cosas”.

Esa mezcla de miedo, incertidumbre y confusión es lo que más se repite entre estudiantes de distintos niveles.

Para Mateo Guerrero López, presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios (FES) de Córdoba, la situación es “muy triste” y revela problemas más profundos.

“Es muy feo que compañeros vayan a la escuela con miedo, que no quieran ir por estas amenazas. Y también refleja que hay muchos pibes que no la están pasando bien en el colegio, que no se sienten contenidos”, señaló en diálogo con Radio Universidad.

El estudiante advierte que, en muchos casos, estas acciones se viven como una broma. “Se toma como un chiste, como algo gracioso. Y eso es grave, porque significa que algo está fallando”, dijo.

Entre la broma y la violencia

Uno de los desafíos que enfrentan docentes y familias es justamente ese: interpretar un fenómeno que oscila entre la burla, la búsqueda de atención y la reproducción de discursos violentos.

“Estamos en un contexto donde la violencia se está naturalizando”, planteó Mateo. “Hay una metabolización de la violencia. Está en el día a día, en el trato entre compañeros, en la discriminación, en dejar a otros aislados”.

En esa línea, la psicóloga Lorena Codosea, especializada en adolescencia, explicó que las amenazas no pueden leerse de manera aislada.

“La amenaza funciona muchas veces como un mecanismo de defensa o una búsqueda de estatus frente a los pares”, sostuvo. “En el grupo, se diluye la responsabilidad individual y aparecen conductas que no se darían en soledad”.

Codosea advierte además que las redes sociales juegan un rol clave. El anonimato, la viralización y la lógica de pertenencia amplifican estas prácticas.

“Se pierde la noción de las consecuencias. Hay una lógica de pasaje al acto: hago lo que siento en el momento, sin dimensionar el impacto”, explicó.

Adolescentes solos y adultos ausentes

Tanto estudiantes como especialistas coinciden en otro punto: la sensación de soledad.

“Se ven adolescentes muy solos”, dijo Codosea. “Hay problemáticas que hoy está recepcionando más la escuela que la familia. Y los adultos, muchas veces, están ausentes o desbordados”.

El contexto económico, el multiempleo y la hiperconectividad también inciden. “Llegamos a casa y seguimos trabajando. ¿Qué tiempo estamos dedicando a nuestros hijos?”, planteó la psicóloga.

Mateo lo expresa desde su experiencia cotidiana: “Cada vez hay menos espacios de contención fuera de la escuela. Todo implica un costo. Salir con amigos, hacer un deporte, ir a un taller. Eso genera aislamiento”.

En ese escenario, la escuela aparece como uno de los pocos espacios de encuentro, pero también está sobrecargada.

“Los docentes están rebalsados. No se les puede exigir más sin un acompañamiento real”, agregó el estudiante.

Cómo contener el miedo en el aula

Frente a este panorama, especialistas en educación y salud mental coinciden en que la clave no es minimizar el problema ni generar pánico, sino habilitar la palabra.

“La gestión del miedo no es opcional, es parte de la tarea educativa”, explicó la psicopedagoga Mariana Savid.

En el nivel primario, recomienda un abordaje concreto y cuidadoso: “Los chicos todavía están desarrollando su capacidad para distinguir realidad y fantasía. El miedo puede aparecer como dolor de panza, insomnio o rechazo a ir a la escuela”, indicó.

Por eso, sugiere que los adultos regulen primero su propia ansiedad. “Los niños leen el miedo. Es importante hablar con tono calmo, validar lo que sienten y transmitir seguridad”.

También propone evitar detalles innecesarios y usar un lenguaje claro: “Pasó algo feo en otro lugar, pero acá estamos trabajando para que estén seguros”.

En el aula, herramientas simples pueden ayudar: dibujar el miedo, usar el “semáforo de las emociones” o sostener rutinas que den previsibilidad.

Adolescencia: entre el humor y el silencio

En adolescentes, el abordaje requiere otras estrategias. “El miedo muchas veces aparece disfrazado de chiste, de indiferencia o de irritabilidad”, explicó Savid. “No hay que confundir eso con ausencia de miedo”.

Entre las herramientas posibles, menciona:

  • Espacios de expresión anónima
  • Rondas de conversación sin obligación de hablar
  • Reflexión sobre el impacto de las amenazas
  • Estrategias de regulación emocional compartidas

“Es importante que sepan que pueden pedir ayuda sin vergüenza”, remarcó.

El rol de la familia

Los especialistas coinciden en que la contención no puede quedar solo en manos de la escuela.

“Las familias no deben ni minimizar ni sobreactuar”, planteó la especialista en educación Viviana Postay.

“Hay que preguntar, escuchar, saber qué están consumiendo en redes, con quiénes se vinculan. Fortalecer la parentalidad digital”, indicó.

También advierte sobre un error frecuente: judicializar los vínculos. “La escuela no debe judicializar. Tiene que generar espacios de conversación, de reparación simbólica, de educación emocional”, explicó Postay.

Y agregó: “La prevención es en red. No puede ser nunca una tarea solitaria de la escuela”.