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“Amateur”

“Hacer lo que realmente nos gusta”. Expresión que resumiría nuestra máxima aspiración en el paso por este mundo. Juan Carlos Carranza.

26 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
“Amateur”

“Hacer lo que realmente nos gusta”. Expresión que resumiría nuestra máxima aspiración en el paso por este mundo.

Claro que estamos llenos de impostergables obligaciones (como trabajar, estudiar, cumplir con las tareas del hogar, etcétera), que nos impiden hacer las únicas cosas que haríamos para llenar nuestra existencia. El sueño de sacarnos la lotería para dejar de laburar, en primer lugar, nos define como holgazanes por naturaleza, sólo que nos falta financiamiento.

Pero como no es posible sacarse el Quini o el Loto, para eso están las aficiones. Esos “gustos”, practicados en forma esporádica en el tiempo libre, son nuestro escape.

Es muy fuerte lo que denota la expresión “tiempo libre”: quiere decir que en el resto de nuestro tiempo somos ¿esclavos? Pues esa percepción negativa no tiene ninguna importancia si cobijamos alguna afición.

Aficionado tiene en francés el término amateur, que literalmente podría traducirse como amador. Y es precisamente ese concepto el que define a los aficionados, por sus gustos marcados por alguna actividad, que se realiza con total pasión sin esperar beneficios materiales.

Apasionados. Tanta pasión le pone el amateur a su actividad que puede ser tan hábil como un profesional. De hecho, astrónomos aficionados han descubierto planetas, estrellas y asteroides antes que los científicos con sus equipos de última generación. "Sólo el gran amor por un hobby es la única justificación que encuentro en un amigo que gastó 450 pesos en un ocular para su telescopio reflector. No tiene ni ropa para ponerse, pero tiene una caja repleta de accesorios para su catalejo", cuenta Cacho Yerom, el asesor estrella de esta columna, un tanto despectivo hacia una actividad que genera muchas satisfacciones a sus adeptos.

El razonamiento es el mismo para aquel que se compra una bicicleta de 20 mil pesos para andar por las sierras o gasta fortunas en implementos de pesca para escaparse los fines de semana hacia algún lago.

Los aficionados no reparan en gastos cuando algo los apasiona. Pueden privarse de muchas cosas, menos de aquellas que los hacen felices.

“No es un gasto, es una inversión en salud mental”, aporta Yerom, en un rapto de lucidez impropia en él.

Para todos los gustos. Todo depende del bolsillo... y a veces no tanto. Hay aficiones que cuestan muy caro, como los autos deportivos, y otras que requieren una logística importante, como seguir al equipo de tus sueños vaya donde vaya.

Hay personas que no resisten la tentación de comprarse libros; hay mujeres, y también hombres, que no pueden contener sus impulsos cuando pasan por una tienda de telas: son diseñadores amateur, pero tan hábiles con la máquina de coser como cualquier profesional.

Ni hablar de aquellos a los que les gusta jugar al fútbol. En las innumerables ligas amateur es muy común observar a lentos, regordetes e ineficaces futbolistas lucir botines de más de mil pesos.

¿Qué encuentran los aficionados en el ajedrez, el bricolaje, el fútbol, la cocina, las estampillas, la astronomía, el cine, la jardinería, el modelismo o los trenes eléctricos? Una gran razón para ser felices.