Al polvo volvimos y con él nos cubrimos
Después de otoño-invierno se les suma un tierral espantoso, porque el polvo no tiene un pastito para agarrarse, ni árboles que corten vendavales. Rosa Bertino.
Tanto hacernos los superados y decir cosas como "ay … vos ¿qué tenés, Twitter o Facebook?", o "yo no saqué las entradas de 650 pesos para verlo a Luis Miguel, porque esas chicas ya están haciendo cola para entrar mañana" (por hoy, martes), si total a todos nos va a llevar el viento. Bien dicen que somos hijos del rigor. Ayer, el tema "tormentas de tierra" fue mucho más conversado que la presentación del cantante, o que las agresiones entre chicas a la salida del colegio o boliche. La tempestad que se abatió anteanoche fue la corroboración de un cambio climático que muchos creían pasajero. Ya quedó clarísimo que en la Córdoba actual soplan vientos de enero a enero. Después de otoño-invierno se les suma un tierral espantoso, porque el polvo no tiene un pastito para agarrarse, ni árboles que corten vendavales. No dirán que no se les advirtió hasta el cansancio: esto podía pasar. En un planeta que colapsará antes que las profecías mayas por el agotamiento de sus recursos naturales, nadie puede darse el lujo de –encima– deforestar a mansalva. Las campañas sojeras son el factor más visible, pero distan de ser el único. No tiene sentido culpabilizar únicamente a "los gringos", como se hace ahora. Aunque el grado de responsabilidad obviamente no sea el mismo, todos tenemos algo que ver. No veíamos cuánto y cómo se desmontaba para hacer autopistas o nuevos barrios. Tampoco calculamos lo que demora en crecer un arbolito, suponiendo que alguien lo plante, claro está. Con razón hace unos años empezaron a aparecer los pájaros más insólitos, en el patio de casa. Uno creía que venían atraídos por la polenta para el perro, pero era que se habían quedado sin su hábitat natural: los árboles. Consumo y castigo. Costará hacer entender que el consumo de agua debe ser restringido, y vigilado. Mucha gente sigue negándose a asumir su propia responsabilidad. "Eh… acá se rompió un caño", dijo una vecina, viendo la correntada que bajaba por una arteria barrial. Más adelante apareció otra, y luego otra. "Ma qué caño, están vaciando las piletas", dedujo su amiga. Lo malo es que después las llenan como si nada, porque sólo unos 56 mil hogares cordobeses tienen medidor de agua. En las sierras, y en barrios periféricos, ha reaparecido el aguatero. Es uno de los "servicios" más requeridos y mejor pagados en la actualidad. Un camión con, digamos, ocho mil litros, sale entre 120 y 150 pesos. Una pileta necesita por lo menos cinco camionadas. "La naturaleza se está vengando", aseguran los mayores. Sin embargo, la naturaleza no es vengativa. Sólo obra en consecuencia de nuestros actos, aunque esta vez caiga como un castigo bíblico. Del polvo venimos, y enceguecidos y cubiertos de polvo desfalleceremos.

