El agua se tragó las casas, pero no los recuerdos
A mediados de los años 70, el agua de la laguna Mar Chiquita avanzaba sin piedad tragándose todo lo que encontraba a su paso.
A mediados de los años 70, el agua de la laguna Mar Chiquita avanzaba sin piedad tragándose todo lo que encontraba a su paso. No de manera brutal como un tsunami, pero sí de modo inexorable, inevitable."A nosotros durante tres años nos salvó el hotel que estaba a 50 metros de nuestra casa y que hacía de contención; después que el agua lo volteó ya no pudimos hacer nada, aunque lo intentamos; plantamos palos y trajimos 700 gomas de camión para hacer defensas. No sirvió nada de lo que hicimos", rememora Pedro Gay.Zuny Carena también recuerda cómo fue desapareciendo su vivienda. "El agua comía día a día las barrancas. Una vez almorzamos y fuimos a dormir la siesta. Cuando nos levantamos, mi marido pregunta: '¿Y el asador?'. 'Se lo habrá llevado el agua', contestaron los chicos. Miramos por la barranca y abajo había partes del asador", relata.Estas y otras historias sobre el desaparecido pueblo fueron rescatadas del olvido por Zuny, que las publicó en un libro que incluye, entre otros, el testimonio del odontólogo Héctor Ceppi quien fue, en un primer momento, dueño de los terrenos en los que ahora Playa Grande quiere volver a refundarse."Que la laguna con sus avances haya borrado todo un pueblo, no significa que el recuerdo de lo que hubo no permanezca en la mente de los que los que lo trabajaron, lloraron y rieron en él", apunta Zuny.

