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Adaptarse, porque rogar al cielo no alcanza

La razón ­primera de las inundaciones de los últimos tres años es el ­incremento de las lluvias. Pero los problemas padecidos dejan ver, además, que Córdoba no estaba preparada para este ­fenómeno.

13 de abril de 2016 a las 12:05 a. m.
Adaptarse, porque rogar al cielo no alcanza

La primera y básica razón de las inundaciones es el incremento de las lluvias: en los últimos tres años, Córdoba tuvo precipitaciones por encima de sus promedios históricos. Pero los problemas padecidos dejan ver, además, que no estaba preparada para este fenómeno. Y la excusa no puede ser que nadie avisó.

Es probable que no le ocurra sólo a Córdoba: en todo el país se vienen pintando escenas similares. Es posible que la sociedad tampoco atienda o reclame lo suficiente por temas fuera de la agenda urgente o cotidiana, hasta que un día se despierta mojada, con los pies ya en el agua.

Las respuestas son reactivas: como los bomberos, se actúa sofocando emergencias. La reacción aparece después del susto, de la tragedia o ante un reclamo que se generaliza.

Tras las angustias provocadas por crecientes e inunda­ciones, aparecen más obras de canales rurales y más control de los clandestinos; se montan sistemas de alerta de crecidas; se apura a los municipios a formar juntas de Defensa Civil y se anuncia que no se permitirá ya construir viviendas en riberas de riesgo en ríos y lagos, entre otras tareas. Pero es imposible hacer en dos años lo que no se hizo en 20 o 30.

Falta acentuar una mirada más amplia, con mayor perspectiva ambiental. Por caso, si Córdoba no empieza a preservar sus suelos (en sierras y llanos), no habrá diques ni canales que alcancen.

El cambio climático impone adaptaciones. La ciencia hace años que lo advierte. En 2008,

el Foro Ambiental presentó a la Provincia y al municipio de Capital una propuesta, elaborada por la reconocida científica cordobesa Sandra Díaz, con medidas para mitigar los efectos de ese cambio. No hubo respuestas ni acciones. Hasta que los aguaceros inquietaron.

Nadie puede decir que la ciencia y la naturaleza no hayan avisado.