Comportamiento. Esta actitud durante la adolescencia podría acelerar el envejecimiento, según un estudio
Una investigación que siguió a jóvenes durante casi dos décadas encontró que la agresividad temprana se asocia con una edad biológica más avanzada y mayor índice de masa corporal a los 30 años.
Los adolescentes que presentan conductas agresivas de forma frecuente podrían enfrentar consecuencias duraderas para su salud física en la adultez. Así lo señala un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Virginia, en Estados Unidos, publicado en la revista científica Health Psychology.
La investigación encontró que los jóvenes con niveles más altos de agresividad en la adolescencia temprana presentaban signos de envejecimiento biológico acelerado y un mayor índice de masa corporal (IMC) cuando alcanzaban los 30 años.
Los autores advierten que el envejecimiento biológico acelerado se vinculó en otras investigaciones con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión e inflamación crónica.
“Este estudio destaca las posibles consecuencias duraderas para la salud derivadas de los desafíos sociales que surgen en la adolescencia temprana”, explicó el investigador principal Joseph Allen, profesor de la Universidad de Virginia.
Un seguimiento desde la adolescencia hasta la adultez
El estudio siguió durante varios años a 121 estudiantes de secundaria (46 varones y 75 mujeres) provenientes de comunidades urbanas y suburbanas del sureste de Estados Unidos.
Los participantes fueron evaluados desde los 13 años hasta la adultez.
Durante la adolescencia, los investigadores recopilaron información sobre el comportamiento agresivo a través de autoinformes de los jóvenes, informes de los padres sobre conflictos familiares y evaluaciones realizadas por sus compañeros.
Cuando los participantes cumplieron 30 años, los científicos analizaron su envejecimiento biológico mediante biomarcadores presentes en la sangre.
Cómo se midió la edad biológica
Para estimar la edad biológica, los investigadores utilizaron dos métodos científicos validados: el método Klemera-Doubal y el indicador PhenoAge.
Ambos combinan diferentes marcadores de salud, entre ellos la presión arterial, la glucosa en sangre, el colesterol, la inflamación y el funcionamiento del sistema inmunitario.
En total, el estudio analizó 12 biomarcadores, incluyendo proteína C reactiva, niveles de azúcar en sangre y recuento de glóbulos blancos.
A partir de estos datos, los científicos aplicaron un algoritmo que permite calcular la edad biológica de una persona, un indicador que en algunos casos puede diferir de la edad cronológica.
El impacto de las relaciones conflictivas

Los resultados mostraron que los adolescentes con mayor agresividad tenían más probabilidades de presentar una edad biológica más avanzada al llegar a los 30 años.
Este patrón se mantuvo incluso después de considerar factores como el género, los ingresos familiares, enfermedades infantiles graves o el índice de masa corporal durante la adolescencia.
Sin embargo, el estudio también encontró que la agresividad temprana no explica por sí sola el envejecimiento acelerado.
Los investigadores observaron que el factor clave era la persistencia de problemas en las relaciones personales a lo largo del tiempo.
Los adolescentes más agresivos tendían a mantener conflictos con sus padres y comportamientos hostiles con sus amigos durante la juventud, lo que podría generar un mayor nivel de estrés crónico.
Un posible impacto en la salud a largo plazo
Según los autores, estos conflictos interpersonales prolongados podrían contribuir al desgaste fisiológico del organismo, un proceso asociado al envejecimiento biológico.
El estudio también encontró que los varones y los jóvenes provenientes de familias con menores ingresos presentaban signos de envejecimiento biológico más rápido.
No obstante, los investigadores aclaran que los resultados no prueban una relación directa de causa y efecto.
“Este estudio no demuestra que la agresividad adolescente provoque directamente un envejecimiento más rápido”, señaló Allen. “Otros factores que no medimos también podrían influir”.
Aun así, los hallazgos sugieren que los problemas en las relaciones durante la adolescencia podrían funcionar como señales tempranas de riesgo para la salud futura.
Los investigadores destacan que promover relaciones saludables y habilidades sociales en la adolescencia podría tener beneficios no solo para la salud mental, sino también para la salud física en la adultez.



