El 64% de los cordobeses muere en un hospital
Apenas dos de cada 10 fallecen en casa particular. El planteo de la muerte digna atraviesa el debate sobre dónde y cómo se transitan los últimos días.
La gran mayoría de los argentinos pasa sus últimos días y horas de existencia en un lugar vinculado más con la enfermedad que con la vida: en un hospital (Gráfico: Dónde se fallece en el país).
En cifras, el 64 por ciento de los cordobeses (65 por ciento de argentinos) muere en un establecimiento de salud, un espacio que se caracteriza por ser frío y lúgubre. Y apenas dos de cada 10 personas terminan su vida en un domicilio particular, más cerca de sus afectos y de sus objetos personales. Las estadísticas son del Ministerio de Salud de la Nación y corresponden al total de defunciones registradas en Argentina durante 2011.
¿Por qué tantas personas mueren lejos de sus seres queridos, casi incomunicados? ¿Es necesario que esto suceda? Son apenas algunos de los interrogantes. El desarrollo tecnológico de las últimas décadas tiene mucho que ver: permite alargar la vida mucho más tiempo que hace algunas décadas atrás. Se trata de medios farmacológicos, mecánicos o electrónicos que hasta suplantan funciones vitales, como la respiratoria.
“Esta revolución tecnológica no es éticamente neutra”, se lee en el libro Muerte digna. Guía para la adecuación del esfuerzo terapéutico, elaborado a fines del año pasado por el Comité Hospitalario de Bioética del Hospital de Urgencias.
“La aplicación indiscriminada de técnicas de soporte vital (muchas veces sobreindicadas) ha hecho que muchos enfermos ‘sobrevivan’ en condiciones de extrema indignidad. El morir, en vez de un acto, se convirtió en un proceso, a costa de nuevos e incomprensibles sufrimientos para el ser humano al que supuestamente queremos ayudar”, dice la publicación.
Desde los pasillos del Urgencias, allí donde se debate a diario la vida y la muerte de los accidentados más graves, el médico Carlos Soriano, miembro de la Comisión de Bioética del Consejo de Médicos de Córdoba, tiene algunas reflexiones.
Soriano plantea que no sólo es sustancial plantearse la cantidad de muertes dentro de un establecimiento. “Si se muere en un hospital, es importante que se muera dignamente”, asegura. Uno de los grandes problemas radica en que el concepto de dignidad es “amplio y discutible filosóficamente, pero hay que ponerse de acuerdo en que la dignidad que vale es la de la persona que se está muriendo”, asegura. Y agrega: “Lo trascendente es cómo la persona realmente querría morirse, no cómo quiere el médico”.
Derechos. Además, Soriano plantea que ni los médicos ni los pacientes conocen los derechos de estos últimos. En especial, suele desconocerse la Ley de Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud (26.529). La norma establece el derecho a la autonomía de voluntad: "El paciente tiene derecho a aceptar o rechazar terapias o procedimientos médicos o biológicos", dice.
Y dispone que el paciente tiene “derecho a recibir la información sanitaria necesaria, vinculada con su salud”.
Alternativa. Tampoco es fácil para los familiares: en casos de enfermedades oncológicas o ancianos muy frágiles, no hay muchas opciones en Córdoba. Es más: en la provincia ni siquiera existe una formación de posgrado en cuidados paliativos. Los profesionales deben viajar a Buenos Aires para especializarse.
Sólo existen algunas iniciativas en cuidados paliativos en los hospitales Tránsito Cáceres de Allende y San Roque, y en la clínica San Salvador. Además, la Casa de la Bondad (de Manos Abiertas) alberga a personas en su última etapa de vida. Pero las opciones son pocas en una provincia donde en 2011 murieron 27 mil personas.
En el Hospital Privado existe un servicio interdisciplinario específico denominado Programa de Atención Domiciliaria y Cuidados Paliativos, tanto para pacientes oncológicos como no oncológicos. Lo interesante es que lo integran oncólogos, psiquiatras y también psicólogos, enfermeros y trabajadores sociales.
Las cifras del servicio demuestran que, cuando la familia está acompañada por profesionales, esta puede prepararse para atender al paciente en los últimos momentos de su vida. Entre siete y ocho de cada 10 personas atendidas por sus profesionales muere en su hogar.
“Cuando la familia tiene el apoyo de un equipo profesional formado en la materia, la familia está preparada”, dice Sandra Castro, trabajadora social del equipo.
La licenciada señala como beneficio el estar en casa en vez de en un hospital, que el paciente esté rodeado de sus afectos y que se respete hasta último momento el rol del mismo en su familia.
“La familia en el hospital no puede acompañar al paciente, mientras que en la casa pueden estar las personas que el paciente quiera; la familia puede dialogar con el paciente lo que está pasando, pueden despedirse, pueden decirse lo que sienten y todo lo que quedaba pendiente”, agrega Castro.
Derechos
Ley 26.529 (derechos de paciente). "Derecho a aceptar o rechazar determinadas terapias o procedimientos médicos o biológicos".
Ley 26.742 (muerte digna). Derecho a disponer "directivas anticipadas" para rechazar tratamientos preventivos o paliativos.
Ley 10.058 (Córdoba). Sobre muerte digna y voluntad anticipada.
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