Una tragedia que no debe olvidarse
El accidente en el barrio de Once del 22 de febrero pasado dejó un saldo de dolor y luto, pero, además, la lección de que el sistema ferroviario y de subterráneos argentino está al borde del colapso.
Han pasado seis meses de la tragedia ferroviaria del barrio de Once, en la ciudad de Buenos Aires, y a medida que pasa el tiempo crece la indignación de los familiares de los 51 muertos y 700 heridos en aquella luctuosa mañana del 22 de febrero. Es lógico que sea así, ya que es muy poco lo que se avanzó en la investigación de los hechos y, menos todavía, en la determinación de las responsabilidades, en las que el Estado nacional y la empresa concesionaria aparecen como los principales implicados. Finalmente, la concesión a la empresa Transportes de Buenos Aires fue anulada, pero se trata de una medida tardía, poco convincente.El pasado miércoles 22, María Luján Rey y Paolo Menghini, padres de Lucas, el joven encontrado muerto 48 horas después del accidente, leyeron un texto recordatorio, que sonó como una verdadera oración fúnebre. Exigieron que la Justicia identifique y juzgue a los responsables que llevaron al estrago de la línea Sarmiento, cuando esta era administrada por TBA.Los familiares dijeron que la quita de concesión a esta empresa fue correcta, aunque llegó muy tarde. "Necesitamos respuestas y certeza", dijo el padre de Lucas, "y no aplausos teatrales de los funcionarios". Observó que los tiempos políticos del oficialismo y de la oposición van por detrás de lo que demanda la sociedad. Afirmó también que todos somos víctimas del terrorismo, de un terrorismo empresarial que a veces creció con complicidad del Estado.En marzo, en una reunión personal con Cristina Fernández, uno de los familiares le dijo que hiciera el ejercicio imaginario de poner a su hijo en el cajón de una de las víctimas del accidente, pero la Presidenta no respondió.Además del accidente del 22 de febrero, hay que tener en cuenta otra cosa: el deterioro del sistema ferroviario argentino, muchas veces al borde del colapso y que incluye tanto a los trenes como a los subterráneos de la ciudad de Buenos Aires, que en conjunto constituye la red más amplia de transporte de pasajeros del país, en el que viajan millones de personas por día.Después de los terribles sucesos de Once, hubo descarrilamientos y choques y los subterráneos estuvieron parados más de una semana por problemas técnicos y de mantenimiento, además de cuestiones laborales.Vale recordar que durante varias décadas hubo en nuestro país un sistema ferroviario y de subtes que se contaba entre los mejores del mundo. Por ello resulta más que lamentable lo que está sucediendo ahora, por desidia del Estado y de las empresas concesionarias, en un país cuya población y la demanda de transporte han crecido de manera vertiginosa.Esta es otra de las duras lecciones que deja la tragedia de Once, la que debe ser bien aprendida por gobernantes y empresarios.

