Ir a la cancha, deporte de riesgo
Concurrir a un espectáculo deportivo, en especial a los partidos de fútbol, se convirtió en una actividad de alto riesgo por la violencia, a la cual la AFA y otros poderes parecen no querer ponerle fin.
S obre los malos comportamientos de las hinchadas dentro de los estadios, en especial en las canchas de fútbol, hay cientos de ejemplos, pero ninguno parece ser tenido en cuenta por parte de las autoridades encargadas de ponerle fin a esta violencia. Hoy, concurrir a cualquier escenario deportivo se ha convertido en un deporte de alto riesgo, cuando en Estados Unidos y en Europa los clubes compiten por ofrecer estadios cada vez más modernos, confortables y seguros.En la Argentina, el peligro no se limita al público sino que también se extiende a los transeúntes y vecinos que circulan o viven en las inmediaciones de los campos de juego.Los enfrentamientos entre barras rivales o entre los grupos que luchan por el control de los negocios dentro de un club son cada día más frecuentes. Basta mencionar como peligrosos ejemplos las peleas entre grupos antagónicos en las rutas argentinas, cada vez que se cruzan los colectivos que los transportan; en las inmediaciones de los estadios –como sucedió el domingo último entre las hinchadas de River Plate y Colón de Santa Fe, cerca del estadio Monumental, de la Capital Federal– o en el centro de una gran ciudad, como la que protagonizó la barra brava de Boca Juniors que festejaba un nuevo aniversario del club. La conmemoración terminó en una batalla campal entre grupos antagónicos, que incluyó incidentes con la Policía y roturas y robos a los comercios ubicados en las inmediaciones del Obelisco de la ciudad de Buenos Aires.Esta crónica negra parece no tener fin. El martes último, el Comité Ejecutivo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió adoptar leves sanciones contra los violentos y omitió aplicar la pena máxima, que sería la quita de puntos al equipo cuya parcialidad genere incidentes.El organismo que conduce Julio Grondona resolvió que si quienes producen incidentes son hinchas del club local, el próximo partido en casa será a puertas cerradas. Y si son provocados por los visitantes, estos no podrán ir como tales al próximo partido de su equipo, pero sí podrán concurrir cuando jueguen como locales.Este decálogo de ingenuidades alienta aún más las sospechas de que las actividades de las barras bravas en la Argentina son protegidas por la Policía y responden, en última instancia, a ignotos personajes de la política y el gremialismo. Estos no sólo acuden a los más oscuros personeros de la sociedad para el deporte, sino que sus presencias intimidatorias son usadas en negocios inconfesables y en la vida de los partidos y gremios.Como lo demuestran Inglaterra y otros países europeos, este cáncer es curable en la medida en que se lo tome a tiempo y se adopten los correctivos necesarios, para evitar que contagie a todo el cuerpo social en una autodestructiva forma de organización.

