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Agro

Radiografía. ¿Estamos ante un verdadero boom exportador? Qué dicen los números

Las exportaciones alcanzan niveles récord, impulsadas por el agro, los combustibles y la energía. ¿Qué reformas hacen falta para que esa competitividad se extienda al resto de la economía?

23 de junio de 2026, 13:56
¿Estamos ante un verdadero boom exportador? Qué dicen los números
¿Estamos ante un verdadero boom exportador? Qué dicen los números

¿Estamos frente a un boom exportador? Los datos sugieren que sí, al menos en el corto plazo: según el Indec, en mayo de 2026 las exportaciones alcanzaron un récord histórico de U$S 9.537 millones, lo que implica un incremento interanual del 34,4%. Como resultado, se obtuvo un superávit comercial de U$S 3.504 millones, también de magnitud histórica.

Este superávit combina dos factores: una caída de las importaciones y un fuerte aumento de las exportaciones. La buena noticia es que el crecimiento exportador estuvo impulsado principalmente por mayores cantidades vendidas al exterior, y no solo por mejores precios internacionales, que suelen ser más coyunturales.

Entre los factores que explican este desempeño, se destacan la buena cosecha de la primera mitad del año, favorecida por condiciones climáticas positivas; el crecimiento de las exportaciones de Vaca Muerta, apoyado por los incentivos del Rigi, y el equilibrio fiscal, que reduce una fuente estructural de pérdida de divisas.

Añelo y el boom por Vaca Muerta en Neuquén.
Añelo y el boom por Vaca Muerta en Neuquén. (Web)

El récord exportador convive con sectores rezagados

Si bien el dato de las exportaciones es alentador, también expone una limitación: el dinamismo se concentra principalmente en sectores vinculados a recursos naturales, mientras que los sectores menos competitivos aparecen mucho más rezagados.

Los datos del Indec para el período enero-mayo de 2026 muestran con claridad esta diferencia. Mientras la cantidad exportada de productos primarios creció 32% y la de combustibles y energía aumentó 34% respecto de igual período del año anterior, la cantidad importada de bienes de capital cayó 14% y la de piezas y accesorios para bienes de capital se redujo un 31%.

Estos números muestran que, junto con la expansión de las exportaciones, se está produciendo una caída importante de las importaciones de maquinaria, equipos y repuestos utilizados en la producción doméstica. Esto no es un dato menor: los bienes de capital e intermedios son indispensables para que las pymes puedan producir, modernizarse e invertir.

Entre los factores que explican esta dinámica, aparece un problema importante: la expansión exportadora genera un mayor ingreso de divisas que tiende a abaratar el dólar. Esto agrava los problemas de competitividad de sectores que ya parten de una situación desfavorable por la carga de impuestos distorsivos, las restricciones cambiarias, la incertidumbre regulatoria, los altos costos logísticos y la inseguridad jurídica.

De reglas excepcionales a reglas generales

El boom exportador de los hidrocarburos, y próximamente de la minería, se explica en parte por el Rigi. Al funcionar como una “isla” institucional, este régimen protege a los sectores alcanzados de muchas de las distorsiones que afectan al resto de la economía. El problema es que la gran mayoría de las empresas –incluidas las que más empleo generan– siguen produciendo bajo un entramado de impuestos, regulaciones e incertidumbre que les resta competitividad.

Por eso, la salida para los sectores tradicionales no pasa por devaluar ni por multiplicar regímenes excepcionales, como el “Super-Rigi”. La prioridad debería ser extender al conjunto de la economía las condiciones de previsibilidad y competitividad que hoy se reservan para algunos grandes proyectos.

Esto exige normalizar el sistema cambiario: eliminar definitivamente el cepo para destrabar importaciones de insumos y maquinaria, institucionalizar el régimen bimonetario para dar mayor previsibilidad y fortalecer la independencia del Banco Central para consolidar la estabilidad monetaria.

También es indispensable ordenar el sistema tributario. Un paso clave sería que el IVA absorba Ingresos Brutos y las tasas municipales sobre las ventas, dos tributos que encarecen la producción y reducen fuertemente la competitividad. A esto se suma la necesidad de mejorar la infraestructura de transporte y logística, para facilitar el comercio interno y externo de las actividades que no cuentan con las ventajas competitivas del campo y la energía.