Mensaje de la Bolsa de Cereales de Córdoba en la Agrojornada 2015
Texto completo del discurso del presidente de la entidad, Juan Martín Buteler.
A continuación, el texto completo del mensaje del presidente de la Bolsa de Cereales de Córdoba, Juan Martín Buteler, durante la Agrojornada Cosecha, Ganadería y Candidatos que la institución organizó este jueves 4 de junio con Agroverdad y La Voz del Interior-La Voz del Campo en el Dinosaurio Mall de Córdoba.
Señor ministro de Agricultura de la Provincia, doctor Julián López, representantes de universidades, dirigentes agropecuarios.
Señoras y señores, estamos inmersos en un tiempo preelectoral y es imprescindible que nos sentemos a reflexionar en conjunto sobre el proyecto de país que queremos y el rol que el campo y su cadena tendrá en ese proyecto. Si no es ahora ¿Cuándo?
En esta dirección de pensarnos, la Bolsa ha advertido la necesidad de contar con datos objetivos que nos permitan saber cómo incide el campo en el desarrollo socioeconómico de la provincia.
Los datos que brindó anteriormente el licenciado Gonzalo Agusto sobre lo que representa el campo y su cadena en la provincia han sido más que elocuentes de su importancia 33 por ciento del producto bruto geográfico, 29 por ciento del empleo, entre directos e indirectos, 71 por ciento de las exportaciones brutas y 90 por ciento de las exportaciones netas; principal productora de maíz del país, con 10,7 millones de toneladas, segunda de soja con 17,2 millones detrás de Buenos Aires.
De su producción, en la provincia se transforma sólo el 30 por ciento del maíz, el 22 por ciento de la soja, el 82 por ciento del trigo, el 100 por ciento del maní, el resto se traslada a otras provincias para su transformación o a exportación; sin hablar de las diferentes carnes, frutas, leche, etcétera. Cuánto hay para agregarle valor.
Y si bien las cifras nos están diciendo que el campo y su cadena es una actividad fundamental en la economía provincial y nacional, ¿es tenida en cuenta como se debe por los diferentes gobiernos?
Cabría preguntarse en qué dirección va: ¿hacia acrecentar su potencialidad o a reducirla?
Pienso: ¿qué nos está pasando? Venimos de un paro portuario de aproximadamente 25 días, afectando desde los exportadores, los comercializadores, los productores hasta la cadena de pagos, impactando a una multitud de personas y sectores; y además de los inconvenientes que este hecho produce, ¿saben quién pagara este costo?
Por otro lado, nos encontramos frente a la coyuntura, casi inédita, de que todos los márgenes brutos de los cultivos trabajados en campos alquilados, que es cerca del 60 por ciento del área trabajada, son negativos. Y en campo propio un solo cultivo es apenas positivo. Esto implica que los que producían arrendando tierras tendrán que ser muy cautos o hacerse al costado. Y ¿quiénes producirán esas tierras? ¿Los dueños de las mismas, que ya se han desvinculado de la actividad, que no tienen máquinas, ni capital, ni espertís para hacerlo? ¿Será factible dejar esas tierras sin trabajar? ¿Cómo actuarán las malezas resistentes en ellas? ¿Cuánto costará después volver a tenerlas productivas? Demasiadas preguntas que sería urgente responderlas en un momento pre electoral. Es muy preocupante que el primer eslabón de la cadena se encuentre en esta crisis. ¿Y si faltara producción? ¿Qué harían el resto de los eslabones?
En las propuestas políticas se habla mucho de la transformación de la materia prima y agregado de valor en origen, de lo ventajoso que ello sería en términos de generación de empleo, motor de desarrollo regional. Adhiero completamente a esta propuesta. Pero si volvemos a los datos de la investigación advertimos que queda muchísimo por desarrollar en este sentido. ¿Y por qué no se ha hecho? Es obvio que para que esto suceda debe haber reglas claras, políticas a mediano y largo plazo, seguridad jurídica, financiación, impuestos confiables, estables y razonables, energía, rutas, y un tema no menor, es que Dios está en Buenos Aires. Muchas de estas decisiones se tienen que trabajar allá; años trabajando en ello, con 700 kilómetros de distancia, mucho esfuerzo y pocos resultados, hay que considerar que estas empresas son casi todas Pymes, es muy duro para los del interior.
Córdoba, provincia inquieta, ha incursionado en diversos procesos de transformación de materia prima y agregado de valor en origen; bastan los ejemplos de las plantas de bioetanol (maíz), la mayor cantidad de ellas se encuentran en esta provincia; plantas de prensado y extrusión (soja), economías regionales, como el maní, del cual Argentina es el principal exportador mundial del mismo, y Córdoba la principal provincia productora, y así podríamos enumerar varios más; todos en serios problemas, por medidas que se toman a nivel nacional. Es acá adonde necesitamos del apoyo y trabajo conjunto entre cámaras, estados municipales, provinciales y nacional trabajando en conjunto, para viabilizar estos proyectos, y no para trabarlos y bastardearlos.
Se habla que se debe exportar. Y sí, claro que debemos exportar lo más posible. Y lo que nuestra cadena produce es factible de exportarse, de transformarse, de agregársele valor. Por ejemplo, si queremos exportar carne debemos producir un determinado tipo de genética, planteos productivos especiales, distinto al que se utiliza en el mercado interno, y lleva años y mucha inversión hacerlo.
Exportarla lleva años, construir mercados, trabajarlos, ganarles a los que están en ellos y mantenerlos. Y después de hecho todo eso, con la inversión, costo, riesgo y esfuerzo que significa, decisiones gubernamentales nos cierran las exportaciones, nos imponen ROES y retenciones, con el argumento de que sólo así el argentino podrá comer carne. ¿Por qué no estudian cómo hacen nuestros vecinos que comen carne y exportan? Se ve que ellos saben cómo hacerlo.
En este segmento de agregado de valor transformando proteína vegetal en carne, también Córdoba viene haciendo mucho esfuerzo, en producción aviar, porcina y vacuna, pudiendo extrapolar esta idea a otras producciones menores como la caprina y la lanar, que podrían servir de desarrollo a vastas regiones de la provincia.
Resulta evidente que para que la cadena agroalimentaria desarrolle todo su potencial se tienen que dar dos condiciones: Por un lado, rentabilidad, esa palabra "casi prohibida" pero que si no la hay no permite la subsistencia de una empresa, en lo social y económico.
Cuando el Gobierno tiene déficit puede emitir; en cambio las empresas quiebran, así de simple.
La relación entre Gobierno y producción debería darse en un clima de apertura y confianza mutua; cabe destacar que esta metodología se ha desarrollado en nuestra provincia; en cambio ha sido casi nula con el Gobierno nacional; este encerrado en sus propias ideas, ni si quiera escucha a sus propios técnicos en la materia, con quienes hemos coincidido en muchas oportunidades; pero también nos manifiestan lo prácticamente imposible que se les hace llegar al ámbito de la toma de decisiones. Como reflexión también en este punto debemos pedirles a los políticos que no interpongan sus propios problemas con los de la producción, ya que en este escenario ha sido esta la que más ha perdido.
Y es acá donde debemos reflexionar sobre política y políticos. ¿Es correcto que un puñado de "iluminados", que se creen dueños de la verdad absoluta, se encierren en sus ideas y actúen en consecuencia, sin escuchar a los que hacen? ¿O preferimos políticos que interactúen con nuestras instituciones, en las que como ciudadanos venimos trabajando durante años, conformando equipos técnicos para estudiar tal o cual tema, interactuando con otras instituciones colegas, consensuando ideas, proyectando escenarios?
Para que el agro arranque nuevamente debe recrearse un buen clima de negocios, estabilidad jurídica, confiabilidad, financiación, reglas de juego claras, políticas a largo plazo. Cosas que hoy no existen.
¿Cómo logramos esto? Ante todo, tenemos que repensarnos como seres políticos, no debemos pensar que la participación ciudadana empieza y termina en el acto eleccionario.
No olvidar que el político ha sido elegido por sus electores como administrador para ejecutar un mandato que es su plataforma de gobierno. Si esto es efectivamente así deberemos hacerles conocer nuestra propuesta, y que esta esté abarcada dentro de su plataforma, lo cual implica estar dispuestos a trabajar conjuntamente a fin de consensuar proyectos y luego de electos trabajar a la par para que cumplan con el mandato delegado.
Como ciudadanos y como sector debemos asumir un doble desafío que se traduce en dos preguntas concretas:
Colegas miembros del sector ¿están dispuestos a la participación, tanto en este período preelectoral como en la vida normal de las instituciones? Si no es así, después no nos quejemos.
Candidatos: ¿Qué esperan del campo? Estamos acá para escuchar sus propuestas.

