La difícil misión de ser competitivos
En Argentina, la receta brasileña se podría aplicar a medias. Con una inflación anual del 35%, está comprobado que con sólo devaluar no alcanza.
A modo de síntesis se ha referenciado que el buen momento que vivió durante buena parte de la última década la actividad económica, y en especial la agroindustria, se debió al viento de cola que generaban los precios internacionales. Cuando la dirección del viento cambió, es decir que las cotizaciones de las commodities perdieron fuerza, la producción nacional comenzó a tener problemas. Sin embargo, sus padecimientos no sólo obedecieron a los factores exógenos. En los últimos dos años, la inflación y el atraso cambiario también se convirtieron en un pesado lastre difícil de liberar. A tal punto es su incidencia que, cuando sopla una leve brisa de cola, la industria ya no percibe esa bocanada de aire fresco. El sector siderúrgico, por ejemplo, que provee de acero a la maquinaria agrícola, no está en condiciones de beneficiarse por la rebaja que refleja el valor del mineral de hierro que trae desde Brasil. Los mayores costos internos hacen que deba resignar rentabilidad. La pérdida de competitividad es manifiesta.El complejo oleaginoso, el más eficiente a nivel mundial por estructura, también padece los efectos domésticos de la revaluación del dólar. Además, la fortaleza a nivel mundial del tipo de cambio sopla como un viento en contra para el sector. La moneda estadounidense tocó durante marzo su valor más alto en 11 años, lo que encarece la decisión de los importadores de comprar granos y subproductos agrícolas. En Brasil, el escenario es diferente. En lo que va del año, la cantidad de reales para adquirir un dólar creció 22 por ciento. Sólo en marzo, la moneda estadounidense se encareció frente a su par brasileña 13 por ciento, en un intento por sacar a la economía de la recesión.Con más de la mitad de la soja cosechada, la devaluación del real hizo que la oferta brasileña de la oleaginosa sea más competitiva, lo que dinamiza los márgenes de la cadena agrícola. A diferencia de Argentina, Brasil tiene una inflación de un dígito.Con vestigios de una mejora en la competitividad, la industria de la maquinaria agrícola esboza en el vecino país algunos signos de reactivación. La producción y las ventas de tractores crecieron en febrero respecto de enero y para el cierre de marzo se espera un salto mayor. En Argentina, la receta brasileña se podría aplicar a medias. Está comprobado que con sólo la devaluación no alcanza. Durante 2014, el peso fue una de las monedas que más se depreció frente el dólar: 23 por ciento. Y sin embargo, la inflación superior al 35 por ciento licuó todos sus efectos. Algunos economistas aseguran que el Gobierno tiene anclado el tipo de cambio en su intento por sujetar el alza de precios, pero la estrategia hace agua por el lado del déficit fiscal y la emisión monetaria. El resultado: un problema llamado falta de competitividad del que se quejan los exportadores y las economías regionales.

