Mercado de la carne. Frigoríficos regionales alertan por la evasión y reclaman más controles para sostener la competitividad
La reducción de la actividad, el aumento de los costos y la pérdida de rentabilidad ponen bajo presión a la actividad. Desde Fifra sostienen que combatir la evasión fiscal y la faena clandestina es clave para garantizar reglas de juego equitativas.
Menos actividad, mayores costos y una rentabilidad cada vez más ajustada.
Ese es el escenario que hoy enfrenta la industria frigorífica argentina, un sector que observa con preocupación cómo la reducción de la faena comienza a impactar sobre la estructura económica de las empresas, al tiempo que la competencia desleal derivada de la informalidad vuelve a ocupar un lugar central en la agenda.
Desde la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (Fifra), entidad que agrupa a establecimientos de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, reconocen que la cadena de ganados y carnes atraviesa un proceso de transformación que, si bien presenta aspectos positivos para la producción ganadera, también genera desafíos para el eslabón industrial.
Durante los primeros meses del año, la faena vacuna acumuló una caída cercana al 10%, un comportamiento que el sector atribuye principalmente a la retención de hacienda por parte de los productores. La decisión de conservar más animales en los campos responde a los buenos valores que muestra la hacienda y a las expectativas de recomposición del stock bovino.
Desde la óptica ganadera, se trata de una señal saludable. Sin embargo, para los frigoríficos implica trabajar con menores volúmenes y, por lo tanto, con una utilización más reducida de la capacidad instalada.
La ecuación es simple: cuando disminuye la cantidad de animales procesados, los costos fijos deben distribuirse sobre un menor volumen de producción, advierten desde la federación.
Según el presidente de Fifra, Daniel Urcía, esto encarece cada kilo elaborado y afecta directamente la rentabilidad de toda la cadena industrial.
Mercado de la carne: el impacto de la coyuntura
La situación no alcanza únicamente a los frigoríficos. También impacta sobre el transporte, la logística comercial y los distintos servicios asociados a la actividad. Toda la infraestructura fue diseñada para funcionar bajo determinadas escalas operativas y pierde eficiencia cuando la actividad se retrae.
A este escenario se suma el incremento de los costos energéticos y de combustibles, dos componentes que ganaron peso dentro de la estructura de gastos de las empresas.
En muchos establecimientos frigoríficos, sostiene Urcía, los combustibles no solo intervienen en el traslado de hacienda y carne, sino también en el funcionamiento de calderas y en la generación de energía necesaria para los procesos industriales. La electricidad, por su parte, tiene una incidencia determinante en una actividad donde la cadena de frío resulta indispensable.
Frente a este panorama, las empresas se ven obligadas a profundizar procesos de reorganización interna, incorporar eficiencia y revisar permanentemente sus estructuras para sostener la actividad y preservar los puestos de trabajo.
Paradójicamente, mientras la rentabilidad industrial se comprime, los precios de la hacienda continúan mostrando niveles atractivos para la producción ganadera.
Los valores actuales incentivan la retención y promueven nuevas inversiones en los campos.
Se moderan los precios y baja el consumo interno
Sin embargo, esa mejora no logró trasladarse al consumidor. Durante los últimos meses, los precios de la carne mostraron una evolución moderada y tuvieron una incidencia limitada sobre los índices generales de inflación.
La explicación está vinculada al deterioro del poder adquisitivo de los hogares. El consumo interno continúa siendo el principal destino de la carne vacuna argentina y la capacidad de compra de la población establece límites claros a cualquier intento de recomposición significativa de precios.
A este contexto se suma otro factor que históricamente funcionó como un complemento para la rentabilidad frigorífica: los subproductos.
La comercialización de cueros, grasas, menudencias y otros derivados permitía compensar parte de los costos de faena. Hoy, tanto la menor actividad como las dificultades que atraviesan esos mercados reducen significativamente ese aporte y agregan presión sobre los márgenes empresariales.
Es precisamente en este escenario de rentabilidad ajustada donde la informalidad adquiere una dimensión aún más preocupante.
Mercado de la carne: necesidad de combatir la ilegalidad
Por eso, Fifra considera que la transparencia no debe analizarse únicamente desde una perspectiva legal o regulatoria, sino como una condición indispensable para la sustentabilidad económica de toda la cadena.
En este sentido, el sector valora los avances impulsados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, particularmente a través de la Dirección de Control Comercial Agropecuario.
La incorporación de nuevas herramientas tecnológicas, entre ellas el controlador electrónico de faena, aparece como una oportunidad para mejorar los sistemas de monitoreo y detectar irregularidades con mayor rapidez.
También destacan el trabajo conjunto con el Senasa y las autoridades provinciales para fortalecer los controles sanitarios y garantizar condiciones equitativas entre todos los operadores.
La apuesta de la industria es clara: reducir los espacios de informalidad para mejorar la competitividad general del negocio.
Pero el debate no termina allí. Para los frigoríficos, el crecimiento sostenido de la cadena cárnica exige abandonar las falsas dicotomías entre mercado interno y exportación.
Ambos destinos son complementarios y estratégicos. Mientras el consumo doméstico absorbe alrededor del 70% de la producción nacional, las exportaciones aportan divisas, diversifican riesgos comerciales y permiten capturar valor en mercados de alto poder adquisitivo.
China continúa siendo un comprador fundamental por volumen, mientras que destinos como la Unión Europea, Estados Unidos, Israel y Chile representan oportunidades de mayor valor agregado.
En un contexto internacional donde la demanda de proteínas animales mantiene perspectivas favorables, la industria entiende que el desafío pasa por consolidar una cadena más eficiente, transparente y competitiva. .

