Después de varios años de liquidación de stock, la ganadería argentina comienza a mostrar señales de una etapa distinta. La menor faena, el aumento del peso de los animales enviados a frigorífico y la retención de vientres indican que el productor vuelve a apostar por recomponer rodeos.
Es una noticia alentadora para una actividad que necesita recuperar volumen para sostener su protagonismo internacional.
Sin embargo, esa misma realidad que entusiasma al productor genera el efecto contrario sobre otro eslabón estratégico de la cadena: la industria frigorífica.
Mientras la hacienda alcanza valores históricamente altos y la producción mira con optimismo el mediano plazo, los frigoríficos atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos años.
La caída cercana al 10% en la faena durante los primeros meses del año no sólo refleja la retención de animales en los campos. También implica menos materia prima para procesar, menor utilización de la capacidad instalada y una estructura de costos que se vuelve cada vez más difícil de sostener.
La industria frigorífica tiene una característica que la diferencia de otras actividades: necesita volumen. Sus plantas, la logística, el transporte, el personal y los servicios fueron concebidos para funcionar con determinado nivel de actividad. Cuando ingresan menos animales, los costos fijos se distribuyen sobre una menor cantidad de kilos producidos y la rentabilidad comienza a deteriorarse rápidamente.
No se trata únicamente de una cuestión productiva. A esa menor utilización de la capacidad instalada se suma una presión creciente por el aumento de los combustibles, la energía y los costos laborales. Variables que, en un contexto de márgenes negativos, terminan erosionando la competitividad de un sector que necesita exportar para equilibrar sus cuentas.
La situación adquiere una dimensión aun mayor cuando se la compara con Brasil. El principal competidor regional no sólo posee el rodeo bovino más grande del mundo, sino también el costo de producción más bajo medido en dólares.
Esa ventaja estructural le permite dominar buena parte del comercio internacional y convertirse en un proveedor indispensable para mercados como China.
Mientras tanto, Argentina continúa cargando con un derecho de exportación del 5% sobre la carne vacuna, un costo adicional que ningún competidor relevante enfrenta y que reduce aún más la capacidad de las empresas para disputar mercados.
En ese contexto, la competencia desleal vuelve a instalarse como una de las principales preocupaciones del sector. Cuando los márgenes desaparecen, la informalidad deja de ser un problema secundario para transformarse en una amenaza directa para quienes cumplen con todas las obligaciones fiscales, laborales y sanitarias.
La faena clandestina, la evasión tributaria y las distintas formas de incumplimiento generan una competencia imposible de igualar para las empresas formalizadas.
Por eso, el reclamo de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas para profundizar los controles no responde únicamente a una cuestión legal. También constituye una condición indispensable para garantizar la supervivencia de quienes invierten, generan empleo y agregan valor.
A pesar del esfuerzo por vender más volumen, el frigorífico Logros, el mayor exportador de carne en la provincia, refleja con claridad esa realidad.
Desde diciembre de 2023, la empresa redujo 105 puestos de trabajo, como parte de un proceso de reorganización destinado a enfrentar márgenes negativos.
Incluso mantiene disponible una planta de ciclo dos que podría incorporar entre 100 y 150 trabajadores adicionales. Sin embargo, la empresa reconoce que hoy las condiciones económicas no justifican semejante expansión.
Y el escenario nacional es aún peor: conflictos laborales, suspensiones y cierres de establecimientos se han producido en el país en los últimos meses.
La recuperación del stock bovino constituye una buena noticia para el futuro. Pero ese futuro sólo será sostenible si la industria que transforma esa producción en empleo, valor agregado y exportaciones logra recuperar la competitividad perdida.
La fortaleza de la cadena de ganado y carne vacuna no se construye únicamente con más animales en los campos, sino también con una industria capaz de procesarlos, venderlos al mundo y competir en igualdad de condiciones.

