Mercados. Los precios en Rosario se despegaron de la crisis en Medio Oriente
Con el dólar planchado, la única salida que tiene el productor es que el precio de sus granos aumente. La mayor demanda activó al mercado local.
La crisis de Medio Oriente ha desatado un cisma en el precio del petróleo, ante el cierre del estrecho de Ormuz, por donde se transporta el 20% del petróleo del mundo y el 35% del crudo por vía marítima.
Ese conflicto provocó la fuerte suba en el precio desde los U$S 60 el barril, antes de la crisis, hasta los U$S 104, pero sin cambios en la última semana.
Este último dato es el más relevante; a pesar del cierre del estrecho de Ormuz, el precio del petróleo no ha tenido variación en esta última semana. Al aumentar su cotización, se incrementan las tarifas de los fletes marítimos que transportan no solamente commodities agrícolas, sino también otros bienes y artículos de consumo.
En teoría, e históricamente, cuando aumentan los fletes marítimos, tienden a bajar el precio de los productos agrícolas, para compensar el mayor costo del transporte y la llegada a los puertos de destino.
Al encarecerse el precio final de los alimentos y de los granos, es muy probable que se produzca una caída de la demanda, alimentando la baja de sus precios.
Esto sucedió hasta la semana pasada, cuando los precios sobre Chicago tuvieron una tendencia bajista ante la retirada de la demanda global por la incertidumbre generada por la crisis de Medio Oriente.
Sin embargo, esta semana hemos visto una fuerte suba generalizada en Chicago sobre los precios de la soja, el maíz y el trigo, producto de una reactivación de la demanda.
Los operadores internacionales y las empresas de trading han asumido el aumento de los costos y han comenzado a generar nuevamente sus negocios de exportación.
En el plano local, el Gobierno nacional autorizó la suba de las naftas entre un 4% y un 7% promedio a partir de marzo 2026, impulsados por la suba de impuestos y el valor internacional del petróleo por el conflicto en Medio Oriente.
El impacto sobre nuestra economía es el mismo que se ha producido a escala global: aumentan las tarifas de los fletes que transportan granos, aumentan los gastos de cosecha, y de las labores agrícolas; además, hay un mayor costo de distribución de alimentos y de otros bienes.
Es muy probable que la suba de los combustibles tenga algún impacto en el aumento de la inflación.
El productor no tiene forma de amortiguar sus mayores costos de transporte y labores, que además, con la baja del dólar, encarecen aún más los costos en dólares.
En un esquema de atraso cambiario como el implementado por el Gobierno, con el propósito de limitar su impacto sobre la inflación, la única salida que tiene el productor es que el precio de sus granos aumente. Esto fue lo que sucedió a mitad de semana en el mercado de futuros A3 en Rosario.
El trigo subió U$S 3 por tonelada, con el marzo cotizando a U$S 190; julio, a U$S 206, y diciembre, a U$S 215,5.
El trigo sigue consolidando la misma tendencia alcista que mostraba antes de la crisis de Medio Oriente. Por distintos factores de oferta y demanda locales e internacionales, el cereal argentino era el más barato del mundo y tiene lógica la recomposición alcista que muestra el mercado sobre Rosario.
En el caso del maíz, la suba fue de U$S 2,7 por tonelada con la posición marzo cerrando a U$S 184; abril, a U$S 185; mayo a U$S 185,5 y con una baja en Junio a U$S 182,5.
La suba del maíz se explica por el aumento en el precio del maíz en Chicago y por la necesidad de los exportadores argentinos de consolidar su posición comprada. Esto se da en un momento en el que los márgenes de la exportación son positivos y tienen ganancia; el mejor remedio contra la baja del mercado.
Con ganancias mucho menores se movió la soja. La oleaginosa promediaba a mitad de semana subas de sólo U$S 0,5 por tonelada en el disponible y U$S 2,3 para las posiciones julio en adelante.
Con una soja disponible firme a U$S 328, marzo a U$S 322 y abril a U$S 318, ya se comienzan a consolidar los precios de la soja nueva.

