Tecnología. Los bioinsumos ya tienen definición oficial, ahora el desafío es su adopción en el campo
Con una normativa más clara, el sector busca consolidarse, aunque persisten barreras de conocimiento y de uso entre los productores.
En un contexto global atravesado por la demanda de sistemas productivos más sostenibles, los bioinsumos comienzan a consolidarse como una pieza estratégica dentro de la producción agropecuaria.
La reciente actualización normativa y el consenso alcanzado en el Mercosur marcan un hito en ese camino, aunque todavía quedan desafíos estructurales por resolver.
“Para nuestro país, el Ministerio de Economía, a través de la Secretaría de Agricultura, estableció una definición clara: un bioinsumo es todo producto biológico basado en microorganismos, macroorganismos o compuestos derivados, destinado a la producción agropecuaria”, señaló a La Voz Natalia Curcio, directora técnica de la Cámara Argentina de Bioinsumos (Cabio).
Ese avance no es menor. Según explica la especialista, la región logró consensuar una definición común, algo clave para facilitar el comercio y el desarrollo del sector.
“Consideramos un gran avance que la región haya definido esta categoría, de forma de facilitar el comercio y promover su desarrollo, uso e intercambio de conocimientos”, sostuvo.
Sin embargo, el proceso está lejos de concluir. El próximo paso será aún más complejo: acordar criterios de clasificación.

“Entendemos que el próximo desafío se tendrá que centrar en las discusiones técnicas necesarias para poder compartir una clasificación común, ya que este es un aspecto más complejo, debido a la diversidad de productos”, advirtió Curcio.
Un marco normativo en transición
A nivel local, el escenario regulatorio también atraviesa una etapa de transición. Tal como explicó la directora de Cabio, si bien no hubo cambios en la definición conceptual de los bioinsumos, sí se modificó la arquitectura normativa.
“La definición propiamente dicha no cambió, es la misma para nosotros y ahora también la toma el Mercosur”, explicó Curcio. No obstante, agregó: “Tuvimos un pequeño retroceso, la parte normativa vuelve a integrarse con normas de agroquímicos. Mantiene la estructura y las categorías, pero se pierde visibilidad”.
En concreto, la normativa específica de bioinsumos fue absorbida por otras resoluciones más amplias. Esto implica que, en lugar de consultar una norma única, los usuarios deben recorrer un esquema más complejo.
“Nos hubiese gustado que quedara solo la norma de bioinsumos. Quien consulta no lo hace directamente, sino que tiene que hacer un circuito normativo”, señaló.
A pesar de esa crítica, desde Cabio reconocen aspectos positivos: “A la industria le da recursos para registrar productos y para reclasificar aquellos que estaban mal categorizados. Por ejemplo, antes no existían categorías como bioestimulantes. Eso se mantiene y está bueno”.
Un mercado en expansión
Más allá de las cuestiones regulatorias, el sector muestra un crecimiento sostenido. Desde la misma institución, informaron que, a nivel global, los bioinsumos registran tasas de expansión cercanas al 15% anual, incluso por encima de la industria alimentaria.
En Argentina, el crecimiento interanual ronda el 10,9%, impulsado por factores como el cambio climático, la presión por producir de manera más sostenible y las exigencias de los mercados internacionales.
“Los grandes desafíos de los próximos años para la industria serán acompañar la demanda de bioinsumos, que a nivel global tiene una de las tasas de crecimiento más importantes”, indicó Curcio.
En este contexto, la calidad y los sistemas de control serán determinantes. “Lo referido a las normativas deberá acompañarse de sólidos sistemas de control de calidad para que nuestra industria pueda abastecer el comercio internacional”, agregó.
Una oferta cada vez más diversa
Actualmente, el universo de bioinsumos abarca una amplia gama de tecnologías. Desde inoculantes tradicionales hasta soluciones más recientes orientadas a la mitigación del estrés y la sanidad vegetal.
“La oferta es muy variada: bioestimulantes, biofertilizantes, enmiendas orgánicas y biológicas, acondicionadores. Todo lo que hace a la nutrición y al estrés”, detalló Curcio.
En particular, destaca el crecimiento del segmento de bioestimulantes. “Hoy el manejo del estrés, como en las personas, es muy importante. Ha crecido mucho este segmento, que atiende el estrés biótico y abiótico: sequía, heladas, granizo”, explicó.
Por otro lado, también se expanden las soluciones para sanidad vegetal: “Allí encontrás bioinsecticidas, biofungicidas, tratamientos de semillas, feromonas, herramientas para monitoreo de plagas, polinizadores, entre otros”.
Este abanico tecnológico, sin embargo, convive con un problema estructural: el desconocimiento y el gran cuello de botella: la adopción. Si hay un punto en el que coinciden todos los actores del sector, es que el principal desafío no es tecnológico, sino cultural y formativo.

“El desconocimiento es atroz”, afirmó Curcio al recordar experiencias a campo, donde muchos profesionales manifestaban no saber de la existencia de algunos insumos. En ese sentido, la brecha de conocimiento se explica, en gran medida, por la formación académica.
“El asesor no ha tenido formación de grado en materia de bioinsumos. No está en las currículas de los agrónomos”, subrayó.
Para revertir esta situación, desde Cabio impulsan la incorporación de la temática en las carreras universitarias a través de cursos, posgrados, diplomaturas y herramientas académicas más rápidas que la modificación de una currícula universitaria.
Esa estrategia ya está en marcha, con iniciativas en distintas universidades del país, incluidas las de Córdoba. “Hoy se está generando esa oferta de especialización. Y creemos que, en lo inmediato, se va a incorporar a la carrera de grado”, anticipó.
Mientras tanto, el recambio generacional aparece como un factor clave para acelerar la adopción. “Los jóvenes están mucho más receptivos. Tienen la camiseta puesta”, figuró Curcio. “Tienen más incorporado el tema del ambiente, del cambio climático. Va en línea con lo que proponen los bioinsumos”.
Ese cambio de paradigma podría ser determinante en los próximos años, especialmente si se combina con una mayor oferta de capacitación y experiencias a campo. Porque, como señalan desde el sector, la tecnología ya está disponible. Incluso desde hace décadas.
Para cerrar esa brecha, la generación de evidencia concreta resulta fundamental.
En ese sentido, Cabio impulsa ensayos y experiencias demostrativas en distintos cultivos. El objetivo es claro: construir protocolos que permitan a los productores tomar decisiones con mayor certeza. “Que vos puedas preguntarte ante el cultivo: ¿qué aplico? Y responderte con una paleta de herramientas”, resumió.
Un sector federal y con proyección internacional
Creada en 2017, Cabio reúne hoy a 32 empresas distribuidas en todo el país, con fuerte presencia en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, y una red de más de 25 miembros honorarios vinculados a la academia y a la investigación.
En paralelo, algunas compañías ya avanzan en mercados externos. “Hay exportaciones a Paraguay, Brasil, Bolivia y también a la Unión Europea”, señaló.
A futuro, la armonización normativa regional será clave para potenciar ese proceso. “En la medida en que los países acuerden definiciones y clasificaciones comunes, el comercio se incrementará significativamente”, concluyó.







