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Agro - Actualidad

Inversión. El agro cordobés enterró 100 Rigi en los últimos cinco años

En los últimos cinco años, los productores en la provincia invirtieron más de U$S 20 mil millones en la siembra de granos. Una erogación que, medido en volumen y constancia, supera incluso los montos proyectados para el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones.

27 de febrero de 2026, 13:51
El agro cordobés enterró 100 Rigi en los últimos cinco años
SIEMBRA. Por año, en Córdoba se invierten más de U$S 4.000 millones en la implantación de cultivos agrícolas.

En tiempos en los que las crisis económicas parecen apoderarse de las empresas y la inversión productiva escasea, el aporte que todos los años realiza la agricultura cordobesa aparece como una excepción digna de destacar.

En los últimos cinco años, los productores agrícolas de la provincia realizaron un esfuerzo inversor de una magnitud pocas veces dimensionada en el debate público, aun cuando sus cifras compiten con las de los programas que hoy concentran la atención política y económica e incluso las superan.

Se trata de un esfuerzo que, medido en volumen y constancia, excede incluso los montos proyectados para el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Rigi), que busca promocionar el Gobierno para las empresas mineras y de energía.

En las últimas cinco campañas agrícolas en Córdoba, y de acuerdo con la calculadora de márgenes que elabora la Bolsa de Cereales local, la inversión en la siembra de los cultivos de soja, maíz, trigo, maní, sorgo y girasol se mantuvo constante, por encima de los U$S 4 mil millones por año.

Es decir que en el último lustro los agricultores cordobeses destinaron más de U$S 20 mil millones a la producción de granos, el equivalente a 200 proyectos del Rigi.

Mientras el debate público gira en torno de atraer proyectos de al menos U$S 200 millones, el agro cordobés viene movilizando cifras muy superiores cada campaña, sin un régimen promocional específico y en un contexto de elevada presión fiscal.

No se trata de una inversión concentrada en un único proyecto, sino de miles de decisiones descentralizadas que, sumadas, configuran uno de los mayores motores económicos de la provincia.

El flujo anual de inversión agrícola implica la compra de semillas, fertilizantes, fitosanitarios, labores, arrendamientos, tecnología y servicios asociados. Es una cadena que dinamiza economías regionales, sostiene empleo y genera divisas.

La decisión de invertir en agricultura se ha mantenido constante, a pesar de la incertidumbre macroeconómica, los precios internacionales, las brechas cambiarias y las restricciones financieras. Incluso en campañas con márgenes ajustados, la inversión no se detuvo, aunque sí mostró reacomodamientos entre cultivos, según la rentabilidad esperada. Se volvió más defensiva, pero no desapareció.

Los recursos en cinco años

La mayor erogación de los últimos cinco años se registró en el ciclo 2022/2023, cuando para sembrar un total de 8,8 millones de hectáreas se destinaron U$S 4.693 millones. Paradójicamente, fue la campaña con la menor producción de los últimos 11 años: apenas 18,6 millones de toneladas.

Un claro ejemplo de que una mayor apuesta productiva y tecnológica puede encontrar en el clima un condicionante determinante para los resultados productivos y económicos.

A lo largo de estos últimos cinco años, el grueso de los recursos económicos se concentró, como era previsible, en los principales cultivos extensivos. La soja y el maíz encabezaron el ranking de inversión total en el período analizado, tanto por superficie como por nivel de insumos aplicados.

Sin embargo, también se observa un crecimiento relativo en cultivos como el trigo y el girasol, que en determinados años captaron mayores desembolsos en función de su competitividad y de las señales de mercado.

El maíz, en particular, mostró años de fuerte inversión, impulsado por una estrategia de mayor intensificación productiva y por la necesidad de sostener rendimientos en contextos climáticos variables.

La soja, pese a haber perdido superficie en el período, continuó siendo uno de los principales destinos de capital, aunque con ajustes en los márgenes, derivados de la presión impositiva y de la volatilidad de precios.

En el lustro analizado, los mejores precios para la soja se registraron en la campaña 2022/2023, cuando al inicio de la siembra su valor disponible era de U$S 448, descontada la retención vigente en ese momento, del 33%.

En el caso del maíz, su mayor valor disponible en los últimos cinco años se dio en el ciclo 2021/2022, cuando alcanzó una cotización de U$S 240.

Los mayores costos por hectárea para ambos cultivos se registraron en el ciclo 2023/2024, cuando para implantar una hectárea del cereal el productor destinó U$S 642, y para una de la oleaginosa, U$S 421.

En la actual campaña (2025/2026), la soja y el maíz disponibles registraron algunos de los precios más bajos de los últimos cinco ciclos agrícolas. La cotización del maíz, U$S 181, es la segunda más baja del período analizado, sólo por encima del valor al inicio de la siembra 2023/2024, cuando se ubicaba en U$S 180.

La oleaginosa, con un valor por el grano físico de U$S 316, presenta el tercer registro más bajo de la serie, sólo por encima de la campaña 2023/2024. No obstante, la decisión de invertir siempre estuvo.