Guerra de bandas en Marqués Anexo
El domingo a la noche, un adolescente de 16 años murió baleado por la espalda en ese barrio. Un día antes, otro joven recibió un tiro en el cuello. Los asesinos, prófugos, tienen la misma edad. Amenazas, armas y droga en un cóctel que parece no tener fin.
Leandro Narváez (16) recorrió en moto las cinco cuadras que separaban su casa del domicilio de Mauricio Rodríguez (19), en barrio Marqués Anexo, en la ciudad Capital. Era domingo y la medianoche se acercaba. En realidad, sabía que no iba a ver a Mauricio, quien desde el sábado pelea por su vida en el Hospital de Urgencias. Sólo quería preguntar a los padres por la salud de su amigo. Cuando volvía, la traición le llegó por la espalda. Recibió tres balazos en Los Precursores y 9 de Julio. “Se arrastraba y pedía: ‘Mami, no me llevés’, porque la mamá murió hace poco”, recordaba ayer una vecina. La víctima dejó de respirar a los pocos minutos. Su moto desapareció.
Horas antes, la violencia extrema ya había dejado su huella en esa zona. Rodríguez iba en moto, cerca de su casa, cuando lo cruzó una banda de jóvenes. Primero le dispararon por atrás. Cayó al suelo y suplicó: “Por favor, no me maten”. Lo quisieron rematar y el balazo le dio en el cuello. Su estado de salud es delicado.
En el Urgencias, un piso más arriba, está internado otro joven del sector, de la banda rival. Por ello, en estos días, los cruces y amenazas entre allegados de ambos chicos han sido frecuentes en el hospital.
¿Quiénes son los atacantes? Por el crimen de Narváez, la división Homicidios de la Policía de Córdoba busca a tres jóvenes prófugos, dos hermanos y un primo de ellos, apodado “Negrola”, con contactos con la barra brava del Club Instituto. Uno de ellos estuvo involucrado en una causa judicial tras el apriete que sufrieron los jugadores del equipo albirrojo hace un año, cuando regresaban de un partido en Corrientes. La familia de “Negrola” tiene ahora custodia policial por temor a represalias de parte de amigos de la víctima fatal.
Bandas. "Son de los 'ranchos'", denunciaban ayer un grupo de vecinos de Marqués Anexo, entre las vías y Cornelio Saavedra, a cinco minutos de Alta Córdoba. En total, eran casi 20 personas que por más de una hora relataron cómo es sobrevivir en un sector acostumbrado a los tiros en cualquier momento. Sus nombres se mantendrán en reserva para no exponerlos aún más de lo que están todos los días.
Los “ranchos” es villa El Nailon, sinónimo de “los Tucumanos”, los personajes que aparecen nombrados cada vez que un crimen sacude a ese sector. Marqués Anexo es, en realidad, una barriada humilde, de “ganchos”, aguas servidas, basurales abiertos y nadie que piense en limpiar lo que alguna vez fue un polideportivo público para alejar a los chicos de tanta muerte que ronda cerca.
Marqués Anexo tiene demasiadas fronteras invisibles entre sus habitantes. El Pueblito, Ramal Sur y El Nailon son tres sectores de esta geografía de la ciudad de Córdoba hoy liberados a su suerte.
Adolescentes, de 12 y 20 años, son los victimarios. Desde El Nailon y Ramal Sur, recorren la zona en motos y armados con pistolas nueve milímetros y hasta un chaleco antibalas que habría sido robado tiempo atrás a un policía. A los pibes de la misma edad que se juntan en los pasillos de El Pueblito les han jurado muerte. En 24 horas, atacaron a dos. ¿El motivo? Una lucha territorial. El que maneja el sector puede manipular el control de “quioscos” de droga, el tráfico de armas, las “regalías”...
No se trata de un enfrentamiento nuevo. En distintas oportunidades, La Voz del Interior ha reflejado que los balazos estremecen el sector a toda hora. Adolescentes los que matan y mueren. Detrás de ellos, adultos que proveen las armas y la droga.
Ayer al mediodía, en calle Hipólito Yrigoyen preparaban el velorio de Narváez. Cruzando las vías, los vecinos se preguntaban cuándo iba a parar tanta violencia. “Vamos a denunciar a la comisaría y no nos quieren atender; nos tratan de negras villeras”, coincidía un grupo de mujeres. Sus niños tienen prohibido asomarse a la calle. Para ir al colegio, a tomar el ómnibus o hacer comprar, saben que no pueden pasar por Ramal Sur, donde hay amenazas. A cualquier hora, se ven carros cargados de colchones, ropa y pocos muebles. “Es gente que se está mudando porque no se puede más”, aseguran.
Y advierten que si nada cambia, ellos también se van a armar: “Acá es muy fácil conseguir un arma, si nos tocan a algún chico nos vamos a desgraciar con sus madres”. La espiral violenta parece agigantarse cada vez más.

