Diabetes: una elección diaria para una buena calidad de vida
Compañera de vida. Tiene diabetes desde la infancia y, aunque en la adolescencia tuvo vaivenes, aprendió a mantener una vida saludable y cuidarse periódicamente para no tener complicaciones. Diabetes: una pandemia que no deja de crecer.
Con la cara contra el espejo y la confusión por dentro, me quedé parada, con un papelito en la mano y 13 años de vida. Ese papelito indicaba un valor alto de un examen de glucosa. Por los síntomas, el médico ya me había sugerido que podría tratarse de diabetes. No entendí nada.
Recuerdo que el doctor me tomó de la mano y me dijo: “Sos diabética –como si hubiera dicho ‘sos mujer’–. De acá en adelante, y para toda la vida, vas a tener que cuidarte. Prohibidos los dulces, frituras, pastas y algunas frutas, como la banana. (nooo…¡me quería morir!)”.
Con esa sentencia, volví a casa y me enojé mucho, mucho. Nadie se daba cuenta, todos me miraban con pena.
La adolescencia, acompañada de esta nueva amiga no elegida llamada “diabetes”, fue difícil. No me cuidaba, pero hacía deportes, eso me ayudó. Cuando me peleaba con mi mamá, me descuidaba comiendo lo que no debía. En esa época –hace 34 años–, sólo había monitoreo manual.
Nunca dejé el deporte, era mi aliado de vida.
Todo lo que recuerdo de mi vida se asocia a la lucha incesante por la cantidad de tiras reactivas, por las ampollas antes y las lapiceras hoy (los diabéticos tenemos que estar midiendo constantemente ese gasto). Me ofrecieron viajar a otro país para capacitarme y no lo hice porque no sabía cómo iba a mantener el gasto fijo que conlleva esta enfermedad. Aunque en Argentina tampoco nos sentimos cubiertos, ya que la lucha por los derechos de los diabéticos es constante.
Esa mochila no me impidió estudiar. Comencé la carrera de Ingeniería en Sistemas, la seguí hasta cuarto año y luego ingresé a la carrera de Licenciatura en Kinesiología y Fisioterapia. Me recibí y hoy me dedico a esta bella profesión. Siempre actué como probando que podía, que la enfermedad no era un motivo para quedarme y no lograr avanzar en la vida. Muchas veces me pregunté “¿por qué yo?”, y otras me decía “¿por qué no yo?”. Miraba alrededor mientras hacia las prácticas hospitalarias y agradecía que sólo fuera esto, y tomaba conciencia de la necesidad de seguir cuidándome.
Trabajé en la Secretaría de Extensión de la Facultad de Medicina desarrollando un programa de talleres y charlas educativas sobre diabetes con la doctora Graciela Rubín, quien acompañó mi tratamiento muchos años de mi vida Fue una etapa enriquecida de experiencias.
Paralelamente, comencé a participar de la actividad política profesional en el Colegio de Kinesiólogos y Fisioterapeutas de la Provincia de Córdoba, sede Capital. Pasé por muchos espacios hasta llegar a ser Presidente por dos períodos y miembro del Tribunal de Ética.
Maternidad
La vida me puso a prueba con mi embarazo. Quería un hijo y sabía que cuidándome lo iba a lograr, y así me embarqué. Durante los tres primeros meses tuve hipoglucemias y los últimos tres meses, hiperglucemias. Necesitaba más tiras reactivas para un optimo control. Aún así, logré llevar a cabo el embarazo con un aumento de peso de sólo 11 kilos. Rezaba
y rogaba para que todo saliera bien, y tenía un cuidado restricto.
Mi hija nació y me cambió la vida. Ordené aún más mis días, de a poco. El pilar fuerte fue la gimnasia, eso regulaba mis niveles y me mantenía. Nunca dejé de hacerla, aunque sólo fuera correr.
Hoy, con 47 años y 34 con mi amiga diabetes, puedo decir que la secuela que me acompaña es una cirugía de cataratas en ambos ojos, debido al descuido de los primeros años. Hace varios años que corro y camino por las diferentes ciclovías y los parques de la ciudad. Antes y después, controlo los niveles de glucemia en sangre. Cuando no lo hago no puedo detectar las hipoglucemias, por lo que recomiendo hacerlo.

Hace años que escribo cuentos breves y participo de talleres literarios. Este año comencé a pintar y expuse en unas Jornadas Internacionales de Kinesiología. Dedicarme a pintar disminuye mi ansiedad y normaliza los niveles de glucosa en sangre.
Participé de las Olimpiadas de Kinesiólogos en Jujuy y vine con una segunda medalla de plata en carrera 60 metros, tercera en 80 metros primer ronda y segunda medalla de plata en voley femenino. ¡Estoy feliz por ese logro! Durante todo el evento me mantuve con niveles de glucemia de entre 80 a 170 mg.
Entreno tres veces a la semana en el Parque de las Naciones y concurro a una nutricionista especializada. Mis niveles de glucemia están normalizados y mi grasa visceral en condiciones normales. Igual el “yo puedo” está siempre en mí.
Hoy, el automonitoreo, las jeringas descartables, el recuento de hidratos para poder colocarnos insulina o tomar la pastilla es altamente benéfico.
El apoyo familiar fue muy importante toda mi vida. En mi hogar se cambiaron las costumbres alimenticias y en mi familia actual continuamos con esas costumbres saludables.
Hoy firmemente aseguro que me sostiene la actividad, la emoción, las ganas, los desafíos. Es una cuestión de actitud, a favor de la calidad de vida. No es fácil, es una elección de todos los días. En cuanto me levanto y digo “sí” a las frutas y “no”a los dulces, “sí” a la gimnasia y “no”a la cama. No hay formulas, sólo la elección diaria.

