Viajar o no viajar, esa no es la cuestión
El problema no es que Giacomino viaje mucho, sino que la gente percibe que no gestiona en la ciudad, estando o no estando. Roberto Battaglino .
Viajar o no viajar no es la cuestión. Un intendente que pasa mucho tiempo fuera de su ciudad puede estar buscando cómo enriquecer su gestión. Un intendente que pasa todo el tiempo en su aldea puede ser alguien sin la más mínima visión global. Y a la inversa, en ambos casos.
Para ser más concretos, Daniel Giacomino viaja y viaja, y la ciudad atrasa y atrasa. Luis Juez no viajaba y la ciudad atrasaba y atrasaba. Rubén Martí y Germán Kammerath se hartaron de ir a Curitiba, pero no lograron copiar casi nada de la ciudad modelo brasileña.
Está claro que el mundo no se termina en la jamás terminada avenida de Circunvalación. La combinación ideal sería aquella de un jefe municipal que recorriera, conociera y resolviera los problemas de cada uno de los rincones de la ciudad, y que además tuviera vínculos políticos y de gestión en la escena nacional, más un conocimiento de cómo se gobierna con éxito en otros lugares.
En este sentido, el avance de la tecnología permite hoy acceso a información e intercambio de comunicaciones que merecerían una evaluación bien detenida al momento de decidir el traslado físico. Una buena conexión a Internet suele ser algo más barato que una gira por Europa, Asia o Estados Unidos.
Pero la tecnología por sí sola no lleva a ningún lado. Por caso, Juez se ufanaba de que no sabía prender la computadora y de que no tenía pasaporte.
Después llegó este intendente peregrino, que pronto agotó su crédito social. Lo dilapidó y hasta la gestión de mayor sentido común termina envuelta por el absurdo y el ridículo. El último viaje de Giacomino a Estados Unidos y la posterior caída de la licitación para el tratamiento de residuos se inscriben en esa línea.
Antes, aquella vez que fue a la Casa Rosada a declararse soldado de los Kirchner, se constituyó en el símbolo del intendente sumiso, que tiene que peregrinar por los despachos para que le den una moneda. El "soldado" desnudó más debilidad que la que de por sí exhibe todos los días, cuando el intendente de Villa María, Eduardo Accastello, le cerró las puertas de la Rosada y aquél tuvo que esperar que José Manuel de la Sota se las abriese.
En definitiva, la cuestión no es que el intendente viaje o no viaje, sino que la gente entiende que los problemas de la ciudad no son resueltos.

