Una secretaria en ascenso
La postulación y, por tanto, segura designación de Liliana Navarro, secretaria penal del juzgado de Ricardo Bustos Fierro, para cubrir una de las tres vacantes en la Cámara Federal de Apelaciones dejó seguramente un gusto amargo entre sus críticos.
La postulación y, por tanto, segura designación de Liliana Navarro, secretaria penal del juzgado de Ricardo Bustos Fierro, para cubrir una de las tres vacantes en la Cámara Federal de Apelaciones dejó seguramente un gusto amargo entre sus críticos.
Por caso, el gobernador José Manuel de la Sota, quien la demandó por 600 mil pesos al sentirse menoscabado en su honor.
Esta egresada de la Universidad Católica con medalla de oro, de carácter fuerte, se mencionaba desde hacía al menos dos años como número puesto en la Cámara. Pero tuvo que superar varios palos en la rueda y se ganó muchos enemigos.
El penalista Julio Deheza la denunció porque lo amenazó al enterarse de que, en una audiencia vinculada con el “narcoescándalo”, el defensor había criticado su intervención en la causa instruida por el fiscal Enrique Senestrari y dirigida por el juez Bustos Fierro. Navarro se vio obligada a apartarse y después afrontar en la Justicia provincial la denuncia.
Defendida por el funcionario kirchnerista Ricardo Moreno, la funcionaria judicial logró el sobreseimiento del fiscal Pablo Molina. El dictamen fue apelado ante el juez de Control N° 5, Carlos Lezcano, quien confirmó el sobreseimiento. La causa se archivó.
La arremetida tuvo eco también en la Cámara Federal de Apelaciones, que ordenó un sumario administrativo contra la secretaria penal, con la intervención de instructores de la Corte. Finalmente, al conocerse el fallo del juez de Control, los camaristas dejaron sin efecto la investigación.
Semanas atrás, Navarro, a través de su abogado, hizo público el robo de sus celulares y de una computadora personal que contenía información del juzgado, sugiriendo que había alguna mano traviesa para hacer callar a su defendida.
Años atrás, Navarro estuvo en pareja con Pedro Nolasco Bustos, excomisario condenado a perpetuidad en uno de los juicios de lesa humanidad. Por esa relación sufrió ataques desde Córdoba y en Buenos Aires.
Ante el asombro de propios y extraños, la fiel secretaria de Bustos Fierro consiguió su objetivo. No pudieron con Liliana.

