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Una derrota que alarma de cara a las municipales

Aguad tuvo que remar contra la tendencia a la caída de su partido y contra el desconocimiento de su propia figura. Virginia Guevara.

08 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Una derrota que alarma de cara a las municipales

En cuatro años, cambió poco y nada en el escenario del radicalismo cordobés. Oscar Aguad obtuvo ayer unos pocos votos más que los que en 2007 había sacado Mario Negri. La idea de que ese había sido el piso, de que sólo quedaba la posibilidad de crecer y de que ésta era la gran oportunidad de hacerlo, se desvaneció en el instante mismo en que se conocieron las encuestas a boca de urna. Para peor, la nula recuperación de votos en la Capital anoche encendió todas las luces de alarma respecto de una partida que los radicales ya suponían ganada antes de ver las cartas: la de intendente de la ciudad de Córdoba.La pregunta que por estas horas desvela a todos en la Casa Radical es cuánto impactará la derrota de Aguad –que nadie auguraba de semejante magnitud– en las posibilidades de Ramón Mestre para la Intendencia. Las elecciones municipales son en 40 días y ayer la UCR sacó en Capital un porcentaje todavía menor que el del resto de la Provincia. Mestre fue el primero en salir a ofrecerle "su apoyo" a José Manuel de la Sota, como si lo necesitara después del aluvión inesperado de votos que recibió ayer. Los radicales se tranquilizan con la idea que el triunfo de Unión por Córdoba le resta chances a la candidata a intendenta Olga Riutort, la única contrincante que de momento los preocupa. Pero no consideran aún la chance de que el triunfo genere un corrimiento importante a la fórmula de Oscar Campana y Alejandra Vigo de Schiaretti. Sin dudas, las que vienen serán cinco semanas arduas para Mestre. Oscar Aguad vivió una campaña cuesta arriba y tuvo que remar contra tres condicionantes muy potentes. El primero fue el de su propio partido, que viene perdiendo elecciones por un margen creciente desde 1998 y que no logró recuperarse nunca del golpe tremendo que le propinó la irrupción del Frente Cívico, en 2003. El segundo fue el enorme desconocimiento de su figura por parte de un electorado que no tuvo muchas ganas ni gran necesidad de buscar caras nuevas. Aguad debió pelear a destajo contra el anonimato en el interior provincial y primó la percepción de que esa tarea de recorrer, estar cerca y desarrollar alguna empatía con los votantes llegaba por momentos a fastidiarlo.La elección de Néstor Roulet como candidato a vice también se mostró ayer como una decisión que en el mejor de los casos tuvo efecto neutro. El dirigente agropecuario no parece haber compensado en nada las limitaciones de Aguad. No le sumó cercanía con ese electorado que no lo registraba al candidato radical, y tampoco parece haber alcanzado para conmover la inquebrantable supremacía de Unión por Córdoba en los departamentos donde el campo marca el ritmo de la producción, de la vida y de las decisiones electorales. La campaña siempre encontró a Aguad durísimo en sus críticas. Ante cada pregunta, tuvo frases hirientes y diagnósticos sombríos, tanto hacia el gobierno provincial como al kirchnerismo en la Nación. Quedaron en claro las cosas a las que se opone, pero no logró un discurso que invitara a seguirlo por lo que proponía. Su proyecto de construir 30 mil viviendas fue el que sonó más convincente, pero no alcanzó. La promesa de subir 50 por ciento el sueldo docente, en cambio, ni siquiera entusiasmó a los maestros, que observaron una actitud demagógica antes que el compromiso ético que él proclamaba.Tampoco parece haber surtido gran efecto el fuerte respaldo del radicalismo nacional a Aguad. Ni las reiteradas visitas de Ricardo Alfonsín –que ayer, a siete días de las primarias nacionales, vino a ponerle el hombro–, ni el acompañamiento de un sector del PRO, ni los aislados triunfos en municipios del interior colaboraron en casi nada con las chances del candidato radical. Pero, más allá de las limitaciones propias y partidarias, el fenómeno que sepultó las posibilidades de Aguad fue el crecimiento que la figura de José Manuel de la Sota le generó al oficialismo. El Frente Cívico hizo un esfuerzo titánico por instalar la idea de que había sólo dos opciones y los electores redoblaron la apuesta y resolvieron que la opción era una sola. En esa jugada perdió más Luis Juez que Oscar Aguad. Pero eso no alcanzó para que la UCR salga mejor parada que en 2007.