Un clásico que antes se ocultaba y hoy se exhibe
A excepción de la severa crisis provincial que impide el tradicional auxilio al municipio vía anticipo de coparticipación, nada es nuevo en la coyuntura económica afiebrada que afronta Ramón Mestre en su debut. Virginia Guevara.
Proveedores que no cobran dos meses antes ni después de que el municipio pague sus compromisos salariales de diciembre y enero, adelantos impositivos naturalizados a los contribuyentes de Comercio e Industria, planes de pago desesperados para cobrarles a los frentistas morosos, sistemáticos anticipos de coparticipación y búsqueda alocada de créditos bancarios. Esas medidas –y también el pánico reinante puertas adentro de los principales despachos del Palacio 6 de Julio– fueron habituales cada fin de año de la última década a la hora aciaga de honrar el pago de los sueldos, el único compromiso que la Municipalidad de Córdoba dejó sin incumplir.La crisis financiera de diciembre y enero es un clásico municipal, sólo que lo habitual era ocultar el desfinanciamiento, por ser una evidencia elocuente del descalabro permanente de un municipio condenado al ahogo por su sobredimensionado gasto salarial y, en los últimos años, por los agujeros cada vez más grandes de Tamse y Crese. A excepción de la severa crisis provincial que impide el tradicional auxilio al municipio vía anticipo de coparticipación, nada es nuevo en la coyuntura económica afiebrada que afronta Ramón Mestre en su debut. El flamante intendente sólo es original en su decisión de exhibir –con sobreactuación, según los opositores– la crisis que marca el punto de partida de su gestión. Y lo cierto es que al frente tuvo otra originalidad: la atípica comprensión que hasta ahora mostró el Suoem, que ayer hasta se encargó de desmentir que en las áreas operativas se estuvieran realizando asambleas por la incertidumbre respecto al pago.Lo concreto es que mañana o, a más tardar, en unos pocos días, los municipales cobrarán sus sueldos privilegiados y la danza de los millones que hoy faltan quedará rápidamente en el olvido.Está claro que el atolladero financiero es útil en términos políticos para fundamentar el severo ajuste que traerán los cedulones impositivos y el fenomenal sacrificio que la consolidación de deudas y el pago con títulos supondrá para todos aquellos a quienes el municipio les debe. También es evidente que el desafío de Mestre no es salir de este bache inicial, sino lograr que la situación sea diferente dentro de 12 meses.Los acreedores ya saben que deberán esperar años y los vecinos, que pagarán mucho más. Ambos son víctimas del mismo estado de situación que hoy enfrenta Mestre. Lo que aún no está muy claro es qué más ajustará para que en un año las cosas sean diferentes.

