Tiempos preelectorales
Nosotros los ciudadanos estamos viviendo renovados tiempos electorales. Debemos tener en cuenta que la emisión del voto es una formidable herramienta que el régimen republicano pone a nuestra disposición para influir en la gestión de gobierno de nuestro país. Es por ello que debemos hacer uso de ella de manera responsable, criteriosa.
¿Cómo hacer para elegir responsablemente a quienes debemos destinar nuestro voto? Este es, precisamente, el nudo de la cuestión. Convencido de la necesidad que nuestro voto refleje nuestro pensamiento, aconsejo desestimar aquellas opciones que obedecen a ventajas aparentes por cuestiones meramente circunstanciales, ya que ellas no permitirán exhibir la realidad de la voluntad de los electores; debemos descartar el voto al “menos malo”, opción que queda reservada para el caso de no encontrar entre los candidatos, uno que se acomode a nuestras preferencias.
También debemos hacer un cuidadoso repaso de las llamadas “listas sábana” ya que es habitual que en ellas se incluyan a aquellos que de ninguna manera serían beneficiarios de nuestra elección.
¿Cuáles son las condiciones que deben exhibir los candidatos? Debemos escoger a aquellos que, a nuestro entender, muestren tener probada capacidad, profundo sentido ético, probada honestidad especialmente en el manejo de los recursos que le son confiados, predisposición a rendir cuentas, y propuestas claras en beneficio de la comunidad que se proponen gobernar con el objeto de celebrar el tácito contrato social que liga al candidato con sus electores, que deberá ser cumplido bajo apercibimiento de incurrir en gravísima falta ética que lo debería inhabilitar para ser elegido en nuevas contiendas electorales.
Tenemos los ciudadanos una obligación que nace de tal condición, y es el permanente interés de informaros del manejo de la cosa pública, que como su nombre lo sugiere, es nuestra, es del conjunto de los ciudadanos.
No debemos confiar en los gobernantes que se niegan a dar explicaciones, que hacen uso y abuso de los llamados “secretos de estado”, que no cumplen con la obligación republicana de dar a publicidad los actos de gobierno, sin transformarla en “propaganda oficial”.
Este manejo de la cosa pública, incluye adoptar medidas eficaces para proveer a los gobernados la satisfacción de sus necesidades más elementales, como son educación, salud, trabajo, seguridad y desarrollo.
Ello importa, además, la obligación del estricto cumplimiento de la ley –especialmente de la Constitución Nacional- cuidando de mantener el necesario equilibrio entre los poderes de la república, los que deben actuar en el marco de sus incumbencias sin olvidar de sus prudentes contribuciones para la armoniosa consecución del bien común.
Los ciudadanos debemos ser celosos de los derechos que nos pertenecen y recordar que el absoluto respeto a la ley, nos aleja de regímenes autoritarios que bajo el ropaje de populistas, nos proponen que los que piensan diferente, son enemigos y que el uso de los sectores marginales adictos a la violencia (barrabravas, sindicalistas extorsionadores, delincuentes, etc.), son las mejores herramientas para dominar a los “enemigos opositores” por el miedo.
Tenemos que cuidar que las manifestaciones de intolerancia no traen otra consecuencia que dirimir diferencias por la peor vía, la violenta. Siempre tenemos que aceptar que el disenso forma parte de la naturaleza misma de la democracia, requisito ineludible para el funcionamiento adecuado de la república, que solamente puede ser dirimido por el convencimiento o por el libre juego de las reglas democráticas.
Por sobre todas las cosas, los que creemos en el ser humano, tenemos que evitar el manejo del concepto interesado de igualdad, sin olvidar que los seres humanos no somos iguales, somos todos distintos, pensamos y actuamos de manera diferente, que la identidad es un concepto técnico inaplicable a las conductas humanas y que no existe mayor desigualdad que aquella que se produce al momento de igualar aquello que no es igual.
Debemos, en suma, actuar reflexivamente al momento de elegir los destinatarios de nuestro voto, y una vez llegados al gobierno, exigir que cumplan con sus propuestas con pleno respeto a los derechos y libertades individuales, recordando que nuestro derecho tiene un límite de convivencia, como es el derecho de los demás.

