Pobreza: el arte de gastar un fangote sin resultados
Tal vez las burocracias que operan el Estado no saben hacerlo funcionar y aplican “tecnologías” disfuncionales. El gasto social subió con fuerza, pero creció la pobreza
Argentina acumula desde la catástrofe de 2001 una larga hegemonía política. El relato oficial construido desde entonces impuso la letanía del “Estado presente”. Nadie se pregunta demasiado qué significa eso, pero, ante casi cualquier cosa, el reflejo condicionado es decir que “es responsabilidad del Estado”, y cosas así.
PRIMER PLANO. El gasto social subió con fuerza, pero creció la pobreza
Desde esta teoría incuestionada, que una mayoría abrumadora suscribe, el Estado se agrandó. En efecto, el gasto público consolidado (Nación, provincias y municipios, sumados) pasó de 26,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2004 a 47,1 por ciento de un PIB mucho mayor en 2014.
De ese gasto, el específicamente social pasó de 17,7 puntos del PIB a 30,9 puntos en esos mismos 11 años. Es decir, aumentó 74 por ciento en términos de PIB. De cada 100 pesos que produce la Argentina, casi 31 los toma el Estado y los vuelca a educación, salud, previsión social, asistencialismo, promoción del empleo, viviendas e infraestructura social.
La pregunta que nadie quiere hacer es: ¿cómo puede ser que en todos esos años, y pese a ese esfuerzo, la pobreza siga estacionada en un tercio de la población? ¿O en un 40 por ciento en el caso del Gran Córdoba? Para intentar el inicio de una respuesta, en nuestro Primer plano de hoy exponemos lo que hace la Provincia.
Capaz que, luego de 15 años sin resultados, tengamos que revisar convicciones. Puede que nuestra teoría hegemónica sea incorrecta y haya intervenciones del Estado que provocan más daños que las bondades que propagandizan sus beneficiarios. O tal vez la teoría está bien pero las burocracias que operan el Estado no saben hacerlo funcionar y aplican “tecnologías” disfuncionales. O quizá las corporaciones que viven del Estado simplemente aprovechan la convicción estatalista de la sociedad para embolsar sus beneficios sin preocuparse por lograr objetivo alguno. En cualquier caso, será mejor revisar. Es muy difícil que el Estado pueda gastar más del 47 por ciento del PIB. Sin resultados.

