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No fue magia

“Menem lo hizo”, decían hace unos años. “No fue magia”, dicen ahora. Ni las urnas bajo fuego, ni la sórdida violencia en el norte han nacido de la nada.

25 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
No fue magia

¿Cuántas urnas deben quemarse para que el kirchnerismo reconozca allí una abierta violación al más elemental de los derechos civiles? Cuando el gremialista Luis Barrionuevo incineró unas cuantas, en marzo de 2003, la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner consideró que un solo caso era inadmisible para la salud democrática.Doce años después, Daniel Scioli sostiene que la quema de una decena de urnas no cambiaría un escrutinio final. Como si quemar urnas fuese más o menos grave según el resultado y no por el método. Anoche, una multitud lo refutó con contundencia y recibió por eso una respuesta represiva con cargas de policía montada que no se habían visto desde la caída del expresidente Fernando de la Rúa. Tal parece que la protesta tucumana se fundaba en razones difíciles de rebatir sin el palo de abollar ideologías. El sistema electoral que impuso durante estos años el justicialismo tucumano es una combinación de artimañas para que nadie pegue el salto del llano al gobierno. ¿Cómo explicar que hace unos días se hayan realizado primarias obligatorias si luego (con una variante de lemas llamada "sistema de acople") terminaron compitiendo 25.467 candidatos? ¿Cuál fue la preselección en las Paso si las mesas fueron desbordadas con innumerables boletas, porque había un candidato cada 44 electores? Tanta confusión inducida no es ingenua. Está fabricada para favorecer al dueño de todos los recursos. A la protesta en plaza pública, el nuevo kirchnerismo la reprimió con palos y gases, balas de goma, caballería y francotiradores desde los techos de la gobernación. Días atrás, u n militante político jujeño, Ariel Velázquez, murió en circunstancias confusas. La referente kirchnerista Milagro Sala, dijo que estaba afiliado a su partido. Que era ella la víctima, que la persiguen por cuestiones de etnia. Pero la víctima fue Velázquez, hijo de su mismo pueblo. Sala dice que ahora el país es de ellos. De Velázquez, seguramente no. La Presidenta hizo propia esa versión y la familia del militante la refutó en el acto. Como en el caso Nisman, Cristina no esperó a ningún juez. "Menem lo hizo", decía hace unos años un aviso de despedida. "No fue magia", dicen ahora. Es cierto. Ni las urnas bajo fuego, ni la sórdida violencia en el norte han nacido de la nada.