Ni los peores ni los mejores, argentinos
La Argentina ciclotímica vuelve hoy a dictar sentencias categóricas sobre hechos que tendrían que estar relativizados y puestos en contextos cambiantes. Roberto Battaglino.
La Argentina ciclotímica vuelve hoy a dictar sentencias categóricas sobre hechos que tendrían que estar relativizados y puestos en contextos cambiantes.
El país pasó de condenar el clima de división en las jornadas previas a la evocación de los 200 años del primer gobierno partidario a glorificar el espíritu de unidad nacional por la desbordante asistencia a los festejos del Bicentenario.
Es muy probable que haya que partir - en cualquier análisis- de que en Argentina no ocurre ni lo uno ni lo otro.
Ni somos un país crispado, dividido y atomizado ni somos una Nación consolidada, que encontró los puntos centrales de unidad para su despegue definitivo.
Es necesario resaltar que si la sociedad tuviese el clima de enfrentamiento que está supuestamente instalado en el discurso político, no habría podido jamás reunir a las multitudes que reunió sin el menor episodio de violencia.
Por lo demás, el Gobierno puede verse favorecido por este clima, pero suena como demasiada presuntuosa la interpretación de que capitalizará en forma directa la movilización de millones y la transformará en adhesión a su gestión.
Hay un dato que no puede ser soslayado: el buen clima social beneficia al oficialismo, y el malhumor colectivo actúa a favor de la de la oposición. Los lectores inteligentes de la realidad de la oposición interpretaron así el efecto Bicentenario. Los que tienen la misma capacidad en el oficialismo saben que es sólo un dato más de la realidad, que para que los Kirchner se reconcilien con la sociedad deben pasar muchas cosas más.
Habrá que ver cómo queda este clima social después del Mundial de Fútbol. Después, el segundo semestre del año estará pletórico de anuncios de alto impacto, en especial en temas sociales como viviendas, jubilaciones, empleo.
Cómo recibirá la gente toda esa catarata de planes es una incógnita, en un país en el que nos tendríamos que acostumbrar a no dictar juicios tan categóricos.

