La Presidenta reapareció en la Rosada tras la operación
No hubo manifestantes en Plaza de Mayo. En cambio, militantes de La Cámpora y Kolina colmaron los patios internos de la sede.
La presidenta Cristina Fernández transformó la ceremonia de jura del flamante jefe de Gabinete y de sus dos nuevos ministros en un acto político de relanzamiento de su gobierno, al volver después de 47 días a una Casa Rosada que tuvo sus puertas abiertas, como sucedió durante los funerales de Néstor Kirchner.
Después de tomarles juramento a Jorge Capitanich, como jefe de Gabinete; a Axel Kicillof, como ministro de Economía, y a Carlos Casamiquela, en Agricultura, Ganadería y Pesca, la Presidenta dio su primer discurso (convocó a “seguir profundizando el modelo”,luego de las elecciones legislativas y desde el último, el 4 de octubre, en La Matanza.
El cuidado montaje incluyó, tras la breve ceremonia oficial en el Salón Blanco del primer piso de la Rosada, una recorrida de Cristina Fernández, que desde balcones ubicados en el mismo andar dio dos discursos, uno a los militantes que desbordaron el Patio de las Palmeras y otro a los que colmaron el de los Patriotas Argentinos, para luego hacer escalas similares, aunque sólo con saludos, ante quienes colmaban los restantes dos patios, el Malvinas Argentinas y el de Los Aljibes.
Como con Néstor
Los dos accesos públicos a la sede gubernamental sobre la calle Balcarce fueron abiertos de par en par para que ingresaran por lo menos dos mil militantes del Frente para la Victoria, mayoritariamente jóvenes, sobre todo de La Cámpora y Kolina, que festejaron la reaparición pública y en persona de la jefa del Estado.
El hecho hizo recordar los funerales de Kirchner hace más de tres años, aunque entonces la magnitud de la manifestación fue muchísimo mayor y, por supuesto, excedió a la militancia.
Desde esos mismos patios, los cánticos de apoyo inundaron el Salón Blanco, atestado de ministros, 13 gobernadores, funcionarios y algunos empresarios (el titular de la UIA, Héctor Méndez, y el cordobés Roberto Urquía, de Aceitera General Deheza, por ejemplo). También hubo sindicalistas (Antonio Caló, CGT oficial, y Hugo Yaski, del sector gubernamental de la Central de los Trabajadores Argentinas (CTA) y dirigentes de derechos humanos (la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto), que saludaron con un aplauso de casi un minuto la reaparición de la Presidenta e incluso entonaron un estribillos que causaron la risa de la propia concurrencia: “Cristina, acá tenés los pibes para la liberación”. Es que el promedio de edad superaba con creces los 40 años.
La ausencia sobresaliente fue la del todavía secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Cuando muchos especulaban con que asistiría, el funcionario, que permanecerá en el cargo hasta el 2 de diciembre, prefirió “quedarse trabajando” en su oficina, dijeron fuentes cercanas.
Pero lo cierto es que su presencia habría contradicho el mensaje político presidencial de inicio de una “nueva etapa”.
Según la versión extraoficial que difunde ahora la Rosada, Capitanich y Kicillof fueron los que en una reunión, hace 20 días, le pidieron a la Presidenta que desplazara a Moreno para dar una señal inicial de “previsibilidad, confianza y racionalidad” en la política económica, dijeron a este diario esas fuentes gubernamentales.
“También están presente aquí los militantes, que nunca se los nombra. Y los que juran que también son militantes”, se permitió acotar la Presidenta a la locutora oficial, después de que ésta mencionara a las autoridades presentes. Como lo había hecho por primera vez el lunes pasado, Cristina volvió a lucir medio luto: esta vez, saco negro y falda negra con flores plateadas.
Las juras
Después, vinieron las juras. Capitanich fue el único que lo hizo por Dios y la patria; el “marxista” Kicillof (sin corbata, como es su usanza) y Casamiquela, sólo por la patria.
El acto tuvo un cambio de protocolo en el que sólo repararon los habitués de la Rosada: gobernadores y ministros ingresaron al Salón Blanco por la puerta que da a la derecha del escenario y se ubicaron en ese lado, mientras que los familiares de los ministros lo hicieron a la izquierda. ¿Por cuál de las puertas entrará la Presidenta?, se preguntaban algunos capciosos; obvia alusión a los cambios de gabinete y a los dos años que le restan.
Ninguno de los flamantes ministros hizo declaraciones. Kicillof partió de inmediato al Palacio de Hacienda. Capitanich alcanzó a decir que hoy a primera hora estará en su despacho y Casamiquela, que está “abierto al diálogo” y que un cambio en el régimen de retenciones “es una decisión política que no sólo depende” de su ministerio.
La primera estadía de la Presidenta en la Rosada tras la cirugía de cráneo del 8 de octubre pasado le insumió casi tres horas. Llegó a las 18.40 y partió a las 21.15, desde y hacia Olivos, en automóvil, pues tiene prohibido por los médicos los traslados aéreos al menos hasta el 9 de diciembre.
El vice de Economía, Álvarez Agis
El ministro de Economía, Axel Kicillof, definirá en las próximas horas la conformación de su gabinete, en el que se perfila el ascenso de Emmanuel Álvarez Agis como viceministro, mientras que los secretarios de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, y de Finanzas, Adrián Cosentino, mantendrán sus puestos.
El ministro Kicillof, quien ayer juró en su cargo, pondrá en funciones a su nuevo elenco el viernes por la tarde en el Palacio de Hacienda.
Según trascendió, Kicillof propiciará que el actual subsecretario de Programación Macroeconómica, Emmanuel Álvarez Agis, ocupe su lugar en la Secretaría de Política Económica, obrando como virtual viceministro.
En tanto, sobre la Secretaría de Hacienda existiría consenso en la permanencia de Juan Carlos Pezoa, funcionario de larga trayectoria en el área dentro del Palacio de Hacienda, que se remonta a los tiempos de Domingo Cavallo.

