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La ciudad en la que no todos se desgastan por igual

Mestre obtuvo poco más de un tercio de votos, pero se legitimó por la distancia que sacó a sus adversarios. Un nuevo escenario opositor. De la Sota, otro gran ganador; Juez, el mayor derrotado.

14 de septiembre de 2015 a las 01:46 a. m.
La ciudad en la que no  todos se desgastan por igual

La ciudad del desgaste parece no desgastar a todos por igual.

Ramón Mestre sufrió una merma en un caudal de votos que no había sido precisamente aluvional en 2011, pero logró sacar una ventaja clara sobre sus competidores, que le permite legitimar un segundo mandato en la Municipalidad de Córdoba.

Es un Mestre ratificado, aunque haya sacado poco más del 30 por ciento de los votos. No pudo obtener más de un tercio de sufragios, pero cada uno de sus adversarios logró bastante menos que eso.

Su llamado de anoche a un acuerdo amplio sonó como el de alguien que tomó nota de los niveles de adhesión.

Vuelve a pararse como jefe del radicalismo cordobés, ahora aliado al macrismo, y empieza a transitar el camino hacia la candidatura a gobernador, que la alianza de su partido con Mauricio Macri y Luis Juez le impide ocupar en este turno.

No obstante, deberá tomar nota –entre otras cosas– de que cuando pensaba en ser candidato a gobernador no le iba para nada bien y recién parece haber repuntado cuando hizo foco como intendente.

La levantada, promocionada profusamente, y la dispersión opositora fueron las claves de este triunfo que le permite recuperar centralidad en el escenario provincial.

Para esa dispersión, convergieron múltiples factores, pero uno fue clave: la mano de José Manuel de la Sota, el otro gran ganador de la elección de ayer.

A De la Sota, le salió todo más o menos como había imaginado. Y le deja a Juan Schiaretti un escenario provincial con una oposición diluida y condicionada. La principal fuerza de oposición es el radicalismo, que tiene la compleja gestión del municipio capitalino como condicionante; la otra es el kirchnerismo-sciolismo, que en caso de retener el poder nacional deberá replantear los vínculos con los gobiernos provinciales.

Quien fue el principal sostén de la oposición provincial y municipal, Luis Juez, sufrió ayer una derrota contundente, que lo deja en el momento de mayor debilidad de su trayectoria política. Anoche pidió que no le inicien el trámite jubilatorio, mientras los cordobeses lo empujaban con el voto a un lugar marginal.

La ciudadanía condenó tanto su gestión municipal como su accionar político. Su socia ocasional, Olga Riutort, rifó –vaya a saber por qué razón– el capital político que había construido por fuera del PJ.

A Mestre, en una sola elección, se le diluyeron las principales espadas que sostuvieron el rechazo a su gestión: Juez, Riutort y, en menor medida, Esteban Dómina, quien salvó la ropa.

Pero le surgió una gran incógnita como principal opositor. Tomás Méndez se presentó como expresión de lo que se conoce como antipolítica o antisistema, pero impulsado –sin mostrarlas– por estructuras tradicionales y rodeado de dirigentes más que tradicionales.