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Hay que llegar a diciembre de 2019

Los fantasmas que atemorizan al Gobierno: no hay resultados positivos en inflación, empleo ni pobreza. 

15 de agosto de 2018 a las 12:01 a. m.
Hay que llegar a diciembre de 2019

El Gobierno nacional vive el día a día como una dificultosa carrera de vallas en medio de una crisis económica que aún se muestra incipiente, y con una única certeza: hay que llegar a diciembre de 2019, mes en el que termina el mandato de Mauricio Macri.

La batahola económico-financiera de los últimos meses ha borrado el clima triunfalista que había en la Casa Rosada ayer nomás, en enero, cuando todo el arco oficialista daba por descontada la reelección del actual jefe del Estado, fundador del PRO y de Cambiemos.

La crisis no borró, al menos por ahora, la intención reeleccionista del Presidente. Pero en su círculo tomaron nota de lo que ocurre: cayó en todas las encuestas (incluso en las propias) y la luz roja se prendió cuando la debacle empezó a afectar el eventual plan B, María Eugenia Vidal.

Hoy por hoy, los fantasmas que atemorizan al Gobierno no están en la atomizada oposición, con el kirchnerismo jaqueado por los tribunales. Los fantasmas vienen del fracaso de su plan económico: no hay resultados positivos en materia de inflación, empleo ni pobreza.

Encima, el país atraviesa una sequía histórica, por la que se perdió el 40 por ciento de la cosecha de soja. Esto, como muchas otras situaciones, insólitamente no estaba en los planes del Gobierno en diciembre pasado, cuando se votó el Presupuesto 2018 en el Congreso.

Como lo viene haciendo desde que estalló la crisis cambiaria a fines de abril, con algunos aciertos y también con errores groseros, la gestión Macri está focalizada en atacar las urgencias. Y la mayor no es la inflación y mucho menos la generación del empleo o de la pobreza; la mayor es el financiamiento.

Hacienda dejó de subastar los dólares del Fondo Monetario Internacional porque, aseguran en el ministerio, ya cuenta con todos los pesos que necesita hasta fin de año.

Las decisiones de ahora sólo apuntan a llegar con resto suficiente a 2019.

Eso explica las medidas económicas que anunciaron el Banco Central y Hacienda esta semana. Por un lado, desactivar la dañina bomba de las Lebac; por el otro, reducir el gasto lo máximo posible, para acotar a cero la necesidad de financiamiento.

¿Por qué? Porque el mercado financiero empezó peligrosamente a descontar hace un mes que la Argentina se acercaba al riesgo de default, es decir, a no poder pagar su deuda otra vez. No por nada el riesgo país de JP Morgan se duplicó este año y alcanzó los 745 puntos básicos.

El recorte del 66 por ciento en el reintegro de exportaciones, la suspensión por seis meses en la baja de retenciones a los derivados de la soja y la eliminación del Fondo Federal Solidario son eso: un mensaje –otro más– al mercado, que pasa por encima el pedido de auxilio ya no sólo de las Pyme, sino también de la Unión Industrial Argentina.

De Fondo

Pero la aceleración del ajuste no responde a un mero acto independiente de Cambiemos, sino a las exigencias de un FMI que se ha dado un baño de marketing político, pero tras ello sigue siendo el mismo organismo duro y gobernado por las potencias que no regalan nada.

Todo este complejo escenario económico y político explica –en parte– por qué el Gobierno, también en los últimos días, dejó subir fuerte el valor del dólar ante los shocks externos: si no se salía por crecimiento económico, se salía por licuación de déficits. Y se eligió la segunda opción.

En la mesa chica de la gestión aseguran que, con la suba del precio del dólar del 50 por ciento en lo que va del año, el crédito del FMI alcanza para llegar a diciembre de 2019, la nueva y única meta que el presidente Macri se siente obligado a cumplir, después de que su cambiante equipo económico se haya equivocado en casi todas las previsiones y diagnósticos desde aquel victorioso diciembre de 2015.