En 50 días, ¿Cristina a Olivos, Capitanich a la Rosada?
El “kicillofismo” no da detalles, pero habla de créditos “swap” con Anses. Elisa Carrió va a tener mucho trabajo si por eso se entiende tomar créditos garantizados con ingresos del sistema previsional.
Como diría la Presidenta, “no se hagan los rulos”. Sobre todo, quienes esperan definiciones económicas tajantes e inmediatas.
Anteayer, en una reunión con intendentes chaqueños, el flamante jefe de Gabinete, Jorge “Coqui” Capitanich, dijo que, según su estimación, en los primeros 50 días de funciones habrá podido palpar cuál es la dimensión de su fortaleza en el Gobierno nacional.
No se refería tanto a internas, sino al resto del peronismo, según un asistente; a los sectores peronistas que, como él, tienen hambre de 2015: el gobernador Daniel Scioli y el intendente Sergio Massa. Desde ahí, podrían provenir algunos bombardeos ante el nuevo competidor.
Quienes crean que al tope de la agenda figuran las reservas y el dólar, relativicen sus convicciones. No es que el Gobierno los minimice. Pero un político mira –siempre– sus flancos.
Siervos
Tal vez estos plazos expliquen, al menos en parte, que, a cuatro días de que por decreto se haya cambiado el presidente del Banco Central, el jefe de Gabinete y el ministro de Economía, Cristina Fernández no se haya dignado a informar, al menos, por qué y para qué lo hizo. Si quiere, puede usted sentirse un siervo.
Los 50 días también podrían explicar que el flamante ministro de Economía, Axel Kicillof, haya guardado en el maletín sus magníficos planes de desdoblamiento cambiario. En cambio, por lo pronto, lo suyo podría ser administrar y retocar el sistema de restricciones comerciales y cambiarias, y de cotizaciones diferenciadas del dólar por la vía de impuestos disfrazados (como el 20 por ciento que se aplica ahora a los pagos al exterior de gastos turísticos). Se trata de controlar lo más posible el peligroso drenaje de divisas.
Hagamos de cuenta que lo de los 50 días va en serio. Estamos hablando de la primera semana de enero.
Para entonces, Capitanich quizá tendrá claro si podrá sobrevivir, y definida una estrategia para abordar su propio sueño presidencial. Para alcanzarlo, tiene que proponerse una fórmula que afronte el deterioro macroeconómico:
Las reservas representan el 6,8 por ciento del tamaño de la economía. Llegaron a ser el 17,2 por ciento, en diciembre de 2007.
La emisión de pesos multiplicó por casi ocho la base monetaria.
El superávit comercial que proveía dólares y llegó a ser equivalente a 10,2 por ciento del producto interno bruto en 2003 cayó a 1,5 por ciento en septiembre.
El motor final de todo esto es el descalabrado gasto público, que ayudó a que los Kirchner se alquilaran el poder político que no tenían, pero que pasó de arrojar un superávit de 19 mil millones en los primeros ocho meses de 2008 a un déficit de 17 mil millones en los primeros ocho meses de este año. El pago de deudas de la administración pública manoteando reservas del Banco Central y el endeudamiento con Anses vienen llegando a su fin.
Las chances que aparecen son, en principio, dos. Una, es reeditar el “Manual del Buen Kirchnerista” sacándole la parte esa en que recomiendan “desendeudarse siempre, endeudarse jamás”. Ayer, la Presidenta pareció aludir al tema: “No basta con eslóganes, hacen falta recursos”, dijo.
El flamante "kicillofismo" ya está avisando que intentará hacer eso, a través de periodistas más o menos amigos. Sueñan con arreglar con el Club de París y conseguir créditos –financieros, no de inversión– de "potencias emergentes", como China o Rusia. Incluso, hablan de gestionar un crédito swap (compromiso de intercambio futuro de bienes o dinero). No dan mayores detalles, pero al lado de " swap" aparece la sigla "Anses". Elisa Carrió va a tener mucho trabajo si por eso se entiende tomar créditos garantizados con los ingresos futuros del sistema previsional.
Se entiende. La " nestornómics" siempre fue mala. Pero gracias al rebote económico vivido desde que la hecatombe 2001 licuó el gasto público y el default liberó de los pagos de deuda, el kirchnerismo pudo recorrer un extenso tramo de felicidad fiscal ascendente. A eso se sumó la soja. Lo malo no se veía.
Ahora, el único activo que hay a mano, que no es poco, es la capacidad de endeudamiento. Claro que si no se cambia la lógica que nos ha traído hasta aquí, en un tiempo, ese activo también se habrá agotado.
No es que se vaya a ir
En una de esas, Capitanich es más ambicioso. Y decide cambiar la lógica. Hay gente que, en ese panorama, ve a una Cristina Fernández un poco más retirada de la política mundana, en Olivos, con discursos como los dos últimos, encarnando a Heidi.
En la Casa Rosada, imaginan a Capitanich, en tándem con ministros en condiciones de soñar, como Florencio Randazzo con Buenos Aires. Y a Kicillof ejecutando el master plan que le diga Capitanich, al menos durante un tiempo. No habrá nadie mejor que él para comunicarles a Carta Abierta y al progresismo kirchnerista las cosas inevitables.

