El que se pone las ojotas muy temprano, pierde
Estalló el verano, y con él, la típica maratón de decisiones polémicas y de apuro. Que nadie diga después que no le avisamos. Rubén Curto.
Cuando los vecinos queman los últimos días del año entre brindis y mentes despejadas, y elucubran qué harán en sus vacaciones, los gobiernos aprovechan para tomar decisiones de fondo, que muchas veces atentan contra el bolsillo de la gente o prometen polvaredas que, mezcladas en el murmullo veraniego, terminan pasando inadvertidas. La disociación de tiempos y agendas de unos y otros es muy notoria, sobre todo en el tránsito de cada fin de año. 2012 no fue la excepción.La Provincia se despachó, en cuestión de días, con dos medidas absolutamente inesperadas. En un abrir y cerrar de ojos y sin aviso previo, descabezó la cúpula de la Policía y entronizó nuevos jefes, en una jugada a la que muchos todavía tratan de encontrarle su verdadero sentido.Además, de un plumazo dio por caída la licitación para concesionar la Terminal de Ómnibus, ese mismo proceso que desveló a los funcionarios en los últimos meses y que terminó pariendo –sorprendentemente– una estatización a las apuradas. Y con el andar de las primeras horas de 2013, hizo efectivo un aumento del 12 por ciento en el transporte interurbano. Todo entre brindis y brindis.La hiperactividad municipal no le fue en zaga. Como una andanada imparable, Ramón Mestre mandó a votar en el Concejo Deliberante para la próxima semana todos los temas más espinosos de su gestión juntos.La mesa de entradas del cuerpo legislativo no dio abasto. Allá fueron tres convenios urbanísticos con desarrollistas privados que implican negocios por miles de millones de pesos; los pliegos que modelarán los servicios de higiene y transporte para la próxima década; la suba del boleto urbano a 4,10 pesos y la frutilla del postre: la cobertura de dos cargos en la Cámara de Apelaciones de la Justicia de Faltas.Entre el martes y miércoles venideros, a los concejales oficialistas se les van a acalambrar los brazos de tantos proyectos que tendrán que aprobar y los opositores se desgañitarán como nunca para expresar su disconformidad.Los vecinos no se muestran atentos ni atraídos por este espectáculo. Ya cambiaron la copa de fin de año por la malla y las ojotas. Estalló el verano, y con él, la típica maratón de decisiones polémicas y de apuro. Que nadie diga después que no le avisamos.

