El pago a los jubilados, bajo una intensa presión
Heridas por la expropiación del discurso de la sensibilidad social, las distintas fracciones de la oposición eligieron redoblar la apuesta con voracidad predatoria.
Bastó que el oficialismo nacional se propusiera pagar la deuda histórica del Estado con los jubilados para que la oposición desplegara una táctica pausada, aunque previsible, para recuperar la iniciativa.
Heridas por la expropiación del discurso de la sensibilidad social, las distintas fracciones de la oposición eligieron redoblar la apuesta con voracidad predatoria.
Y salieron a reclamar la transformación del pago a jubilados en un jubileo para otros agujeros fiscales. Un festival abierto en el que cada actor político, con alguna mínima representación legislativa, se presentó con una factura para cobrar.
El Gobierno viene accediendo a esa presión no sólo porque es minoría en el Parlamento. Lo hace, sobre todo, porque la promesa de reparación a los jubilados no cuenta con los fondos necesarios.
Pero se propuso igual, a la espera de que la oposición apruebe en el Congreso una amnistía tributaria.
Esta delicada operación, todavía en curso, compromete seriamente el equilibrio de las cuentas fiscales y merece la referencia periodística, que abordamos en la página 12.
La expresidenta Cristina Fernández usó la figura del caballo de Troya para descalificar el proyecto en debate parlamentario. Según su mirada, el país asiste al desembarco subrepticio de una política que vuelve sobre los pasos de la estatización del sistema previsional.
Según dice el Gobierno (por lo bajo, porque en la superficie está obligado a callar para negociar), el verdadero caballo de Troya es el que está metiendo adentro de la ley ómnibus la confederación de dirigentes justicialistas.
Sembrando, como condición para votar el pago a jubilados, cláusulas que desfinancian al Estado a corto plazo.
La novedad de anoche fue la incorporación, a instancias del massismo, de la exclusión del aguinaldo en el pago del Impuesto a las Ganancias.
De modo que la política argentina está convencida de que se apresta a sancionar la ley de la felicidad. Con la expectativa de que los capitales que se sinceren con el blanqueo cubran los costos del jubileo.
El justicialismo se ha repartido internamente los roles. Los moderados le suben el precio a la ley.
Por el mismo motivo, los más extremos dicen que es un pastiche.

