Barreiro, un pesado de La Perla que vuelve a la escena judicial
Está procesado por violaciones a los derechos humanos antes del golpe militar de marzo de 1976. Se lo recuerda como un feroz torturador.
No se conoce a ciencia cierta, más allá de testimonios de sobrevivientes de La Perla, quién era el "jefe" de ese centro de detención ilegal de personas que funcionó durante la dictadura en Córdoba. Lo que sí ha quedado registrado por la amarga experiencia de esas víctimas es que militares de alta graduación estaban al frente de los operativos de secuestro, tortura y asesinato de detenidos. Por estos días volvió a ser noticia el ex mayor Ernesto Barreiro, acusado de casos de tormentos y homicidio en un expediente que se ventila en los Tribunales Federales de Córdoba para resolver un paquete de apelaciones presentado tanto por las defensas de los procesados como por la Fiscalía General y las querellas. Apodado "El Nabo", Barreiro fue junto al también ex oficial del Ejército Héctor Pedro Vergez, (alias "Vargas") uno de los impulsores de la banda terrorista paraestatal Comando Libertadores de América, la versión cordobesa de la Triple A. Se dice que luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Barreiro y Vergez pasaron sin escalas a mandar en La Perla, bajo directivas del entonces jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Durante su testimonio en uno de los juicios en Córdoba que terminó con las condenas a prisión perpetua de Menéndez y otros represores, el sobreviviente Piero Di Monte, ahora radicado en Italia, definió a La Perla como "una fábrica de muerte" y relató que una noche, mientras era "picaneado", pudo observar cómo su compañera era torturada en simultáneo por el propio Barreiro. Para aclarar los roles, la historia indica que, en realidad, Barreiro no era "el jefe" de La Perla, sino "el jefe de torturadores". Andanzas en democracia. Forzado por los militares, a fines de 1986 el entonces presidente Raúl Alfonsín promulgó la Ley de Punto Final, que ponía plazos a la Justicia para citar como imputados a los responsables de delitos de lesa humanidad cometidos durante los años de plomo. Barreiro, sin embargo, ya había sido llamado a declarar por la Cámara Federal de Córdoba y quedaba al margen de aquella extinción de procesos. Todo se desencadenó el 15 de abril de 1987, cuando Barreiro resistió una orden de arresto en función de que se lo había declarado en rebeldía por la Justicia y se guareció en el Regimiento de Infantería Aerotransportada, en el viejo camino a La Calera. El jefe del cuartel era el teniente coronel Luis Polo, quien le dio su apoyo al militar rebelde. Estallaba de esa forma el levantamiento "carapintada" de Semana Santa, liderado desde Buenos Aires por el teniente coronel Aldo Rico. Primatesta y la fuga. Más allá de las vicisitudes de aquella asonada contra el gobierno de Alfonsín, el punto central del conflicto se asentaba en la actitud beligerante de Barreiro y en la solidaridad de los uniformados hacia él. La provincia de Córdoba era gobernada por el radical Eduardo Angeloz, quien ante la gravedad de la situación pidió la intercesión del entonces influyente arzobispo Raúl Primatesta, a fin de que intentara poner paños fríos en lo que ya era una declarada rebelión. El propio Polo revelaría años más tarde que Primatesta llegó al regimiento, se tomó de la mano con varios oficiales y rezó un Padrenuestro. Lo que no dijo Polo, fue que mientras él hacía declaraciones a los periodistas en la puerta de la unidad, Barreiro se fugó. La historia, jamás confirmada ni desmentida, señala que Barreiro escapó en el baúl del auto de Primatesta. Este ex militar, ahora de nuevo en la escena judicial, huyo a Estados Unidos en 2004, un día antes de tener que comparecer ante la Justicia. En 2007, las autoridades de aquel país lo descubrieron trabajando flojo de papeles y lo extraditaron a la Argentina. Hoy continúa preso a la espera de algún juicio.
Causa en marcha
Barreiro está procesado por hechos de tortura y crímenes perpetrados antes del golpe del ’76. En esa causa, también está acusado Luciano Benjamín Menéndez. Se avanza en la etapa de las apelaciones.

