Báez, un cultor del bajo perfil que ahora ocupa todas las tapas
De ser empleado bancario, se convirtió en el empresario más próspero de la Patagonia, en una intrigante coincidencia con el salto al poder del matrimonio Kirchner.Julián Cañas.
Lázaro Antonio Báez es un personaje conocido, y sobre todo, influyente en Santa Cruz. De ser empleado bancario, se convirtió en el empresario más próspero de la Patagonia, en una intrigante coincidencia con el salto al poder del matrimonio Kirchner, primero en la provincia y luego en la Nación.
Cultor al extremo del bajo perfil, Báez comenzó a ganar espacios en los medios nacionales cuando se conoció que era amigo íntimo de Néstor Kirchner. Fue la última persona fuera de su círculo familiar que vio con vida al expresidente, ya que cenó con él la noche previa a su muerte.
Báez también ganó centímetros en los diarios nacionales cuando, en el primer aniversario de la muerte de Kirchner, inauguró un monumental mausoleo, que emerge como un punto ineludible en el agreste y sencillo cementerio de la capital santacruceña.
Dicen que esa mole de cemento, piedras volcánicas, lajas de pórfido patagónico, con detalles de madera de lenga de bosques autóctonos, le costó más de cinco millones de pesos. “Néstor se merecía esto y mucho más”, aseguró el empresario en un breve recorrida con periodistas locales, dos días antes de la inauguración del edificio-homenaje a su fallecido amigo.
Un detalle sobre el mausoleo: tiene un sistema de cámaras de seguridad que le permite a la Presidenta ver el féretro de su marido desde su despacho en la Casa Rosada.
El rótulo de empresario le queda chico a Báez. Sus empresas comprenden actividades tan disímiles como lucrativas: construcción, productora de TV, petróleo, inmobiliaria, automotores, hotelería, agro y hasta un club de fútbol.
Pero la piedra basal de su emporio fue la constructora Austral, que monopolizó la obra pública provincial y nacional, en Santa Cruz y provincias vecinas.
En una de las últimas notas periodísticas que aceptó realizar, en octubre del año pasado, admitió ante la corresponsal de Cadena 3 en Río Gallegos que había comprado siete estancias. También se quejó de las críticas que recibe. “Cuando dicen que gané una obra por 900 millones, quieren hacer creer que me llevo la plata a mi casa. No, después hay que hacer la obra. No soy un corrupto y tengo controles de todo tipo. Además, mis empresas dan trabajo a tres mil personas”, se justificó.
Sus extraños socios en sospechosos negocios financieros lo hicieron por estas horas un personaje de alcance nacional. Ahora es el dueño de todos los títulos y también de todas las miradas, muy a su pesar.

