"Nadie sabe cómo va a terminar esto". Inquietante, idéntica y casi en paralelo, la frase fue lanzada en las últimas horas por un contacto estrecho del gobernador Juan Schiaretti y por otro hombre que pasa tiempo con el presidente Alberto Fernández. Como nunca, Provincia y Nación están unidas por la misma preocupación.
El fondo de la cuestión alude a la pandemia, pero incorpora los costosísimos efectos colaterales de los aciagos siete meses transcurridos.
Los sondeos de opinión también corroboran para ambas administraciones picos de hartazgo y descontento ciudadano. En magnitudes diferentes, Schiaretti empieza a sufrir el desgaste que ya se hizo carne en el cuerpo del jefe del Estado.
En el Panal, por ejemplo, todavía retumba el impacto negativo que produjo en las redes sociales el tuit que el gobernador escribió en las primeras horas del martes último. Se trata del mensaje con el que agradeció a Dios por la llegada de la esperada lluvia, clave para apagar los incendios que tanto daño ambiental y material produjeron en varios puntos de la provincia.
En el Centro Cívico tomaron nota de la magnitud de esa catarsis. El tema fue comentado al más alto nivel. Reclamos, insultos personales y cuestionamientos variados por la gestión de la crisis conformaron un cóctel de rechazo del que no había registros en la cuenta de Twitter que el jefe del Ejecutivo usa con frecuencia para comunicar sus pareceres o actos de gobierno.
El 10 de octubre pasado, cuando Schiaretti anunció las últimas medidas restrictivas para intentar mitigar la propagación del Covid-19, las reacciones adversas ya habían sido muchas, pero ahora se multiplicaron. En el tablero de control del Panal, la luz de precaución quedó activada.
Bajo este mismo clima de tensión, donde hasta actores domesticados como la Iglesia Católica ya mostraron actitudes de desacato, el Gobierno deberá decidir en las próximas horas la hoja de ruta por seguir desde el lunes, día en que vence el DNU presidencial que dispuso las medidas con las que se buscó disminuir el relacionamiento social.
En la Provincia, creen que el Presidente prorrogará el DNU en condiciones muy similares al vigente. Y que dará libertad –como lo hizo la última vez– para que los distritos regulen las limitaciones en función de la situación sanitaria y el margen político que cada gobernante tenga. Rige y regirá durante las próximas semanas una dinámica que no se ata a parámetros fijos: apretar y soltar, apretar y soltar.
En esa línea, una posibilidad muy concreta es que la Provincia anuncie para la próxima etapa flexibilizaciones temporarias para el sector gastronómico. Volverían las habilitaciones para bares y restaurantes, aunque con tope horario y un mayor control estatal, para que esos negocios cumplan sin fisuras con los protocolos. El concepto general es que después de las 23 la circulación sea mínima, y sólo para esenciales.
Los pendientes
Con la vuelta a clases presenciales descartada para lo que resta del año, en el Panal se trabaja para dar una señal respecto de vuelos de cabotaje y colectivos de larga distancia. Ese regreso será muy paulatino, admiten en la Provincia, después de que las autoridades dijeran estar dispuestas a abrir las fronteras para el transporte de pasajeros esenciales.
Mientras se ecualiza ese frente, lo que llevará semanas, resta todavía definir un aspecto clave de lo que vendrá: cómo será la temporada de verano.
El sector hotelero, gastronómico y del espectáculo local presiona por tener los primeros lineamientos para poder programar sus negocios. De eso dependen miles de puestos de trabajado que, para esta fecha, empiezan a incorporarse en rubros diversos en los distintos valles turísticos.
La tensión se aceleró hacia la Provincia luego de que el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, sorprendiera al anunciar que el 1 de diciembre se inicia la temporada en la costa atlántica.
En medio de esa ciénaga para la que no hay salida a la vista, Schiaretti tuvo este miércoles unos minutos de sosiego. El gobernador, en teleconferencia con su par santafesino Omar Perotti y el Presidente, volvió a ponerse el traje que mejor le calza: el de hacedor de obras.
El acueducto con el que se proyecta traer a Córdoba agua del río Paraná podría comenzar a ver la luz el año próximo, tras el impulso inicial de un fondo kuwaití, que financiará con 100 millones de dólares el inicio de los trabajos.
El lanzamiento de la obra le sirvió también para mostrarse activo junto al Presidente. La semana que viene los gestos –que no siempre son los que espera Nación– se transformarán en acciones: sus cuatro diputados votarán a favor del Presupuesto nacional y del polémico "impuesto a los ricos". También en este plano Schiaretti aprieta y afloja.

