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WikiLeaks y el travestismo del periodismo

No debe haber información profesional sin validación, interés social, verdad y mensaje, para que sirva para informar, educar, orientar y hacer pensar. Miguel Pérez Gaudio.

19 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Miguel Pérez Gaudio*
WikiLeaks y el travestismo del periodismo

El fenómeno WikiLeaks representa para el periodismo un espectáculo de travestismo: vestirse con la ropa equivocada (culturalmente contraria a su naturaleza). El caso –espectacular, multi-informativo, cuya veracidad y falacias no corresponden a este artículo–, de incontenida difusión mediática y política, se constituyó en un acontecimiento comunicacional masivo sin precedentes, doblegando incluso a la cosmovisión del periodismo –sus aliados concentrados o de hecho–, sometiéndolo a que adquieran su nombre sustantivo casi como un apellido alternativo y sustituto: wikiperiodismo. No podría calificárselo de absurdo ante la decadencia de la ética y deontología profesional de la disciplina, sino como un componente dócilmente incorporado a las prácticas de la vigente modernidad tardía, cuya característica simbólica es irrefrenable: la anomia cultural de valores y principios, tanto por su forma como por sus inestables contenidos.En concreto, los componentes de WikiLeaks se constituyen por informaciones escritas y audiovisuales de gran impacto, teniendo en cuenta su objeto: revelar públicamente lo oculto, para bien o para mal. Con ello, nos muestra el rostro simbólico de un mundo tramposo y ficcionalizado, muy distante al derecho universal a las informaciones públicas de interés social y reivindicativo de una voluntad de hacer el bien (bien común), ya que se trata de cientos de miles de cables diplomáticos o de hechos supuestamente reales con informaciones, objetivas y subjetivas, pero ni asumidas por sus responsables ni juzgadas por sus consecuencias.El periodismo –facilitando su difusión por todos los medios importantes del mundo– lo ha aceptado por sus contenidos como por sus efectos en el contexto del negocio de la comunicación social, muy lejos de sus códigos de ética y estilos.Técnicamente, la función del periodismo es revelar lo que pasa por el mundo y, con ello, preservar la liberación de los hombres de las ataduras de las mentiras y conspiraciones respecto de su dignidad y derechos. Pero no es la información en sí misma el acto de liberación, sino apenas una parte significativa, pero a su vez insignificante si lo que se dice y se muestra no cuenta con una pedagogía que le dé sentido, además de la exigencia de validaciones para evitar que, por sólo decir y mostrar, se construya en verdad lo revelado,El "Periodismo Idea" del que soy autor califica las informaciones como un "alimento intelectual, moral y espiritual" para las personas y no componentes dialécticos que lo expongan a la supervivencia sólo sensorial y manipuladora.El periodismo no puede desvirtuarse con ropajes que le son ajenos desde lo moral, ético, metodológico y metódico. Si lo que hace es subordinar su misión intermediadora de lo que pasa por el mundo a los que dicen que dicen que es lo que pasa por el mundo, está claudicando. Excepto la justificación de que "negocios son negocios" y los contenidos que le dan origen, esencia y sustancia, invierten la relación de medios y fines, colocando a éstos como mercancía de la manipulación humana.No debe haber información profesional sin validación, interés social, verdad y mensaje, para que sirva a informar, educar, orientar, hacer pensar y promover la calidad de su objeto y sus consecuencias sociales y humanas.Y cierro con una sola reflexión: nada es verdad mientras no se acredite como verdad. La verdad es la verdad verdadera.

*Rector del Colegio Universitario de Periodismo