Vivir y dejar morir
Un liderazgo religioso tiene derecho a predicar la aceptación resignada del padecimiento. Lo que no tiene es derecho a imponerla. Claudio Fantini.
Sébastien se aboca a construir para Rémy, su padre, la muerte apacible que lo rescate de un padecimiento inexorable. ¿Cometía un crimen aberrante el personaje que encarnó Stéphane Rousseau en Las invasiones bárbaras ? Denys Arcand dirigió ese filme conociendo la compleja red de sensibilidades y convicciones en la que impactaría. Nació y creció en una familia católica de una de esas comarcas conservadoras y religiosas que rodean a Quebec, Canadá. Además, estudió en un colegio jesuita antes de ingresar en la Universidad de Montreal. Y lo que expresó en la película responde, de modo cabal a la prioridad establecida por Sófocles al afirmar que "la muerte no es el peor de los males, sino querer morir y no poder hacerlo".Dejando de lado el debate sobre las diferencias entre los conceptos eutanasia y muerte digna, el tema es de los pocos que, cuando irrumpen, colocan a las sociedades frente a cuestiones existenciales. Por eso, a la hora de abordarlos, cómo no tener en cuenta al autor de Edipo rey , Electra y Antígona , si el largo centenar de tragedias que escribió en la antigua Grecia prueban que fue un hombre dedicado a reflexionar sobre las encrucijadas de la existencia humana. Inocencia y condena. Si querer morir sin poder hacerlo es un mal peor que la muerte misma, el impedimento que condena a una sobrevida insoportable es causante de ese mal. Ergo, para la persona atormentada por dolores y postraciones incurables, el peor mal es el impedimento legal a la única posibilidad de escapar de manera voluntaria al tormento. De tal modo, mantener la vigencia del impedimento implica una crueldad. Podrá tener otra intención, pero, en los hechos, es inmensamente cruel con la persona que resulta condenada al padecimiento atroz de lo incurable.El diputado nacional Miguel Bonasso abrió este debate necesario, al impulsar un proyecto de ley sobre muerte digna. Aunque el caso que lo motivó es el de una niña de dos años que vive en estado vegetativo desde su nacimiento y para quien sus padres reclaman el final, el periodista y legislador estudia y reflexiona sobre el tema a partir de lo que vivió su propia esposa, atormentada por un padecimiento que se prolongó de manera horrible, hasta llegar al desenlace inevitable. Fue entonces cuando a Bonasso se le escribió en la piel que la muerte no es el peor de los males, sino querer morir y no poder hacerlo.Sin atacar el ánimo de la declaración "Iura et bona", emitida en 1980 por la Congregación de la Doctrina de la Fe, es posible cuestionar su afirmación de que nadie puede decidir la muerte de una persona "inocente" sin cometer un "crimen". A esta altura de la historia, puede ser artero que se descalifique la tradicional posición de la Iglesia alegando el largo período de tiempo en que esta institución avaló la pena de muerte como condena a ciertos "culpables". Pero apartando esta incómoda evidencia histórica, el pronunciamiento eclesiástico contra la eutanasia parece no asumir que la decisión sobre la "no" muerte de otro puede ser la imposición de un sufrimiento a ese otro. Ergo, la condena de un "inocente". Convicción absoluta. Las religiones que bloquean la legislación de la eutanasia/muerte digna debieran plantearse internamente la cuestión de la crueldad. Ninguna virtud humana es más valiosa que la bondad; por tanto, es justo preguntarse si se puede, desde la reivindicación de esa virtud, imponer una realidad cruel a otra persona. El debate religioso no puede eludir también otras realidades objetivas: por caso, que en el Estado de derecho y la sociedad abierta, la fe convive con el agnosticismo y el ateísmo. Al creyente puede animarlo la convicción absoluta sobre la validez de los dogmas que profesa. Tiene derecho a que así sea. Lo que no está claro es que tenga derecho a imponer esos dogmas a los no creyentes. De eso se trata obstruir la aplicación de la eutanasia o de la muerte digna. En definitiva, la cuestión es considerarse con derecho a decidir sobre el padecimiento de otro.El debate sobre la eutanasia, la muerte digna y otros temas deriva, necesariamente, en establecer los ámbitos de dominio de las convicciones absolutas. De lo que se trata es de entender que tales convicciones sólo deben imperar sobre los convencidos y no sobre los demás. En la raíz de fanatismo está la palabra fanum , que significa "templo". Los antiguos romanos llamaban fanático al hombre que sacaba del templo la verdad que sólo al templo corresponde y sólo es absoluta en su interior. En otras palabras, desde siempre se considera fanático a la persona que busca imponer a los demás una verdad de su templo. Sobre uno mismo se pueden tomar decisiones desde una convicción absoluta, pero hacer que esa certeza rija sobre otros, implica un sometimiento. Más aun cuando lo que se impone desde la convicción absoluta resulta cruel para esos otros.Un liderazgo religioso tiene derecho a predicar la aceptación resignada del padecimiento. Lo que no tiene es derecho a imponerla.

