“Ustedes” y “nosotros”
Lo que sucede en estos días en el Parque Indoamericano de barrio Villa Soldati, en la ciudad de Buenos Aires, ha hecho visible de un modo contundente que lo de “ustedes” y “nosotros” está aquí. Alejandro Mareco.
“Soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antes era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre la belleza de esas montañas al amanecer”. Quien habla en el párrafo anterior es supuestamente “Marcola”, uno de los que dirigen una enorme organización dedicada al comercio de droga, entre otros crímenes, en San Pablo, la ciudad de mayor concentración urbana no sólo de Brasil sino de toda América latina. La entrevista que circula en Internet, más allá de su veracidad o no, de todos modos expone una realidad que es la mayor de las heridas sociales que se abrieron en la piel de nuestro subcontinente, desde que, también supuestamente, nos hicimos cargo de ser nosotros mismos. Lo que se revela en esas palabras y, sobre todo, en las noticias de cada día, es tanto que quiebra el “nosotros” como uno y deja desnudos en la arena de la lucha de la vida de los hombres, de la construcción de las sociedades, dos contendientes: “ustedes” y “nosotros”. “Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Nosotros somos hombres-bomba. En las villas miseria hay cien mil hombres-bomba. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva ‘especie’, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes”. Habla el mismo Marcola en la entrevista de imprecisa publicación, pero de obvia credibilidad, aunque fuera inventada. La injusticia social en nuestros países nos llevó muy lejos, tanto que hoy hay sectores (gente: hombres, mujeres y niños) de la sociedad que son casi imposibles de reintegrar y que se sienten irredimibles incluso por cualquier proyecto político. Hay otra sociedad en esta sociedad. Por eso es posible que sea de recomendación al menos no sostener discursos que alimenten la lejanía de “ustedes” y “nosotros”, ya sea por origen regional (debemos advertir de una vez por todas que cada país sudamericano es una parte regional, no extraña), social o cualquier otra excusa para dividir. Aunque esa lejanía exista, el gran desafío es volverla cercanía. Lo que sucede en estos días en el Parque Indoamericano de barrio Villa Soldati, en la ciudad de Buenos Aires, ha hecho visible de un modo contundente que lo de “ustedes” y “nosotros” está aquí. En el parque, más de mil familias salieron al sol a contar que existen. Del otro lado de la calle, también hablaron los vecinos para decir que, aunque vivan en un asfixiado departamento de Villa Lugano, también existen. Es una muestra dolorosa de cómo puede hacerse cada vez más chico el “ustedes” y “nosotros”. Por si fuera poco, cuesta vidas; o muertes, depende del lado desde el que veamos las cosas.

