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Una vida noble

La codicia es el enemigo a derrotar para tratar de hacer algo hermoso con nuestras vidas. Ángel Stival.

12 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista; [email protected])
Una vida noble

En la celda de una cárcel londinense donde esperaba por un pedido de clemencia improbable, Roger Casement, nacido en Dublín de padre protestante y madre católica, repasaba el camino que lo había llevado a la pena de muerte por traidor. Recordaba su pasión juvenil por África y su adhesión sin condiciones al objetivo proclamado por los folletos relacionados con el comercio marítimo del Imperio Británico: llevar el progreso a pueblos detenidos en la prehistoria y sumidos en el canibalismo. El buen Roger empezó a sospechar que algo andaba mal cuando descubrió que sus compañeros de oficina intercambiaban miradas burlonas y comentarios acerca de si era un tonto que creía en esas tonterías o un vivo que las proclamaba para hacer méritos.Esa inquina no le impidió embarcarse al Congo, deslumbrado por el proyecto del rey Leopoldo II de Bélgica, a quien por entonces consideraba "el gran monarca humanitario, empeñado en acabar con esas lacras que eran la esclavitud y la antropofagia".Pronto descubrió que todo lo que interesaba del Congo era su caucho y que, para que las poblaciones nativas lo entregaran, se cometía toda clase de iniquidades.Aun así, aceptó como una obligación profesional la misión a la Amazonia, donde encontró una realidad similar por el mismo motivo –el caucho– y a un periodista, Benjamin Saldaña Roca, perseguido por sus revelaciones. A Roger le habría gustado decirle, si lo hubiese encontrado: "Ha hecho usted algo hermoso y noble de su vida, señor". La novela El sueño del celta , del premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, de la que se ha extraído esta historia, tiene múltiples entradas y facetas. Pero el entusiasmo de Roger y su amargo final son emblemáticos. Muchos jóvenes –políticos, militares, periodistas, médicos, abogados, etcétera– salen al mundo armados de principios en los que les enseñaron a creer y rebotan en forma penosa con una realidad bastante más sórdida. El lejano drama de la dualidad de Roger y los que vemos a diario en la actualidad tienen un catalizador común: la codicia, capaz de sacar lo peor del ser humano. Sin embargo, y ésa es la esperanza, siempre aparecen aquellos que toman la simple bandera de tratar de hacer "algo hermoso y noble de su vida".