Temas del día:

Una herramienta de estrategia global

Empresas, provincias, municipios y organizaciones de la sociedad civil mantienen sus actividades cotidianas en constante relación con el mundo.

19 de noviembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Federico Trebucq | Profesor titular de Economía Política Internacional*
Una herramienta de estrategia global

Este domingo, los argentinos decidiremos mediante un balotaje nuestro próximo presidente. Más allá de las alternativas posibles, parece claro que llegamos al final de un ciclo político y que a partir del año entrante asistiremos a una reconfiguración de actores que tomarán decisiones sobre el rumbo del desarrollo nacional y sobre el destino de todos los habitantes, al menos por los próximos cuatro años. Entre los principales temas que tocan las campañas, los que ocupan mayor atención y poseen un elevado peso específico en la consideración de los votantes son la seguridad, la economía y el empleo.No obstante, las elecciones también se constituyen como un punto de inflexión para pensar asuntos estructurales que influyen en la organización social de nuestra nación y requieren un pensamiento que trascienda la coyuntura, para enfocarse en el largo plazo. La política exterior es uno de estos temas. De cara al mundo Tradicionalmente entendida como la defensa de los intereses nacionales en el sistema internacional, la política exterior ha estado solapada, en un lugar marginal en el debate del orden público, salvo por algunos casos aislados que adquieren relevancia mediática, como los fondos buitre o el Memorándum con Irán. Sin embargo, en un contexto globalizado e interdependiente, es una herramienta indispensable para el bienestar de los ciudadanos.El mundo se ha convertido en una matriz fragmentada de entidades estatales y no estatales que toman decisiones y generan efectos que trascienden los límites nacionales y comprenden fenómenos complejos que integran a la economía, la política y los aspectos sociales.Entonces, si lo que sucede fronteras afuera no está disociado de lo que sucede fronteras adentro, el Estado nacional y la política exterior se encuentran en una posición intermedia, en la que la elección de una política está determinada por una serie de actores por debajo y por encima de la instancia nacional, que condicionan la voluntad de la elite dirigente.Empresas, provincias, municipios, organizaciones de la sociedad civil mantienen sus actividades cotidianas en constante relación con el mundo.En definitiva, la política exterior es una herramienta para internacionalizar la sociedad nacional y obtener beneficios en materia de bienestar y riqueza.Para llevar estas definiciones a un plano concreto, el éxito de la política exterior se verifica en diversos aspectos de la vida pública. Desde una perspectiva económica, mediante la presencia sostenida en mercados internacionales, gracias al aprovechamiento de ventajas comparativas, por un lado, y al desarrollo diferenciado de productos y servicios, por el otro, con la participación de empresas nacionales en cadenas globales de producción y una inversión extranjera directa orientada a sectores estratégicos, que favorezca la transferencia de conocimiento y tecnología. En un sentido político, ante la relevancia de la posición de Argentina en las discusiones importantes sobre el orden global, ya sea en organismos internacionales o foros multilaterales. En la capacidad de establecer acuerdos estratégicos que sean cumplidos y que contengan las prioridades del pueblo de la nación. En materia de seguridad, mantener la paz en el territorio nacional, como en las relaciones de cooperación con los países de la región. Tener un posicionamiento que permita formular una estrategia de contención ante las presiones de potencias tradicionales o emergentes. Sin embargo, es preciso hacer un diagnóstico de aquellas regularidades históricas que caracterizan a la política exterior argentina y que deberían ser superadas para alcanzar tales objetivos: Triangulación. La política exterior argentina suele ejecutarse en función de una relación geométrica triangular. Esto significa que los objetivos se alinean con una potencia de mayor envergadura y se justifican en oposición a un "otro negativo". Es importante mencionar los casos paradigmáticos del alineamiento con Gran Bretaña y la oposición al poder emergente de Estados Unidos. En la década de 1990, con las "relaciones carnales" y de modo solapado en contra de la emergencia de Brasil como potencia regional. Por último, en la actualidad, un alineamiento con el orden emergente y en contra de las potencias tradicionales. Desconexión con la política interna. Los objetivos de política exterior estuvieron subordinados a las vicisitudes de política interna y no fueron un complemento, mucho menos una continuidad, de acciones entendidas de manera sistémica para el bienestar de la población. Cancillería irrelevante. Pese a formar cuadros técnicos y haber tenido grande victorias diplomáticas, la Cancillería pierde crecientemente relevancia. Las relaciones estratégicas son llevadas a cabo de manera discrecional por el Ejecutivo de turno.

Desafíos

Si bien no es objeto de esta nota identificar los cursos de acción del próximo gobierno, se proponen los siguientes desafíos para trascender esos aspectos negativos y sentar las bases de una política exterior virtuosa, pero sobre todas las cosas útil.

Ampliar la versión limitada y particularizada. Implica entender la política exterior como parte del proceso de la política interior y que no sólo atiende a cuestiones particulares, como si fuesen compartimientos estancos, sino que debe abordarse en su complejidad, tanto para la formulación de objetivos como para el establecimiento de las líneas de acción para alcanzarlos.

Enfoque sistémico y federal. La planificación del proceso de internacionalización implica la participación de los actores involucrados para generar consensos amplios sobre cuál es el rumbo que debe tomar la acción internacional.

En este sentido, dado que este proceso se constituye como un imperativo que afecta a la sociedad en su conjunto, las nociones de participación ciudadana y federalismo son esenciales para la creación de mecanismos y canales de diálogo que luego sean instrumentados en políticas públicas.

Pragmatismo. En un escenario internacional dinámico, la planificación de la estrategia de política exterior debe ser lo suficientemente flexible para adaptarse a los cambios del sistema. En este sentido, el establecimiento de objetivos geográficos es fundamental para maximizar las oportunidades ante la configuración de un nuevo orden mundial.

Es decir, las vinculaciones con Europa, asociadas a penetrar mercados con productos diferenciados o atraer inversiones, no son las mismas que se deben desarrollar en África, que se constituye como un territorio de disputa para el desarrollo de inversiones

off shore

(fuera del país).

La política exterior no es un tema lejano que sólo compete al cuerpo diplomático o a políticos de alto rango: es una herramienta, un medio para el desarrollo de nuestro país, que en un contexto interdependiente no puede ser sino una cuestión global. La sociedad debe apropiarse de esta herramienta.

Prestar atención a las propuestas de los candidatos es un primer paso y una oportunidad.

*(UES21), presidente de la Fundación Centro de Estudios Internacionales Contemporáneos