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Una economía de niños

Lo que horroriza a estudiantes de economía y ciencia política en relación con la Argentina es la inhabilidad intergeneracional de aprender de errores anteriores y corregirlos de la mejor manera. Ji Tae Ghim.

16 de agosto de 2012 a las 12:01 a. m.
Ji Tae Ghim (Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Massachusetts Amherst)
Una economía de niños

Tuve la suerte de pasar una gran cantidad de tiempo en el país donde nació y creció mi esposa, y donde viven su familia y sus amigos. Además, pude conversar con un grupo diverso de personas de diferentes condiciones educacionales, socioeconómicas y generacionales. Finalmente, pude visitar campos, pueblos, pequeñas y grandes ciudades, así como la ciudad más grande, para vivir y presenciar el día a día de los argentinos como mejor puede hacerlo un extranjero. En este período, y mediante las observaciones que logré hacer, así como mediante el conocimiento histórico que me brindaron mis estudios y el seguir de cerca los eventos de este país durante los últimos 10 años como extranjero, sin otro interés más que el bienestar de mi familia política y amigos, llegué a la siguiente conclusión: la Argentina es una economía de niños.Lo que quiero decir con esto son dos cosas. Primero, la mayoría de los argentinos trabaja con diligencia y puede mantener bien a sus familias. Hablé con mucha gente, como dije antes, de diversas edades y circunstancias, que recibió y continúa recibiendo un gran apoyo económico de sus padres. Por supuesto, esta característica no se da sólo en la Argentina. En la República de Corea (Corea del Sur), mi país natal, y en el país donde pasé más de la mitad de mi vida, los Estados Unidos, esta es la norma. Pero la norma se da a cambio de ciertas condiciones. Por ejemplo, uno recibe ayuda sólo cuando la necesita; debe estudiar y trabajar mucho para no necesitar ayuda a largo plazo y debe devolver esa ayuda a sus padres cuando lleguen a una edad avanzada.Aunque mi esposa y yo nos esforzamos por cumplir con esas condiciones, como muchos otros en Argentina, conocí mucha gente, en especial de mi generación (20 a 40 años), que no las cumplieron y ni siquiera las entienden.La casa de los padres se convierte en un lugar de residencia permanente, estudiar se convierte en la excusa para no trabajar, mientras que los estudiantes universitarios argentinos se demoran, en promedio, el doble en recibirse que sus pares en otros países del Grupo de los 20 (G-20).Finalmente, como no trabajan, no pagan impuestos, por lo que no contribuyen a la jubilación de sus padres, ni tampoco los ayudan con los gastos mensuales. Rara inhabilidad. Esto me lleva a la otra cara de mi argumento de que Argentina es una economía de niños. La historia del mal manejo económico en este país es un estudio de caso en libros de economía y ciencia política en casi todos los países desarrollados. Lo que horroriza a estudiantes de economía y ciencia política es la inhabilidad intergeneracional de aprender de errores anteriores y corregirlos de la mejor manera. Esto es lo que en general se denomina "progreso".El progreso no significa restringir de manera artificial el flujo de capitales porque hace 20 años haya habido un flujo de capitales artificialmente libre. El progreso no significa comprar autos europeos y asiáticos a Brasil y México, usando dólares, y hacer que estos países superen a la Argentina como los fabricantes y exportadores de autos más grandes de Latinoamérica. Simultáneamente, reaccionar a este hecho mediante la imposición de barreras comerciales, convirtiéndose en el país con más restricciones comerciales del mundo, no es progreso.No es progreso cuando la Argentina tiene la mayor cantidad de juicios en contra de sus instituciones y empresas en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) y los argentinos siguen mandando a sus hijos a Disneyworld y a estudiar afuera en programas de intercambio inservibles y costosos.Por eso necesitan dólares los argentinos: para gastar dinero ganado en tierra argentina, con sudor argentino, para comprar autos fabricados en Brasil y México, y para gastar dinero en Disneyworld y universidades de Estados Unidos y Europa, contribuyendo al crecimiento de esas economías mientras que debilitan a la propia. Esta práctica de autodestrucción económica sólo se puede asociar con el comportamiento de niños. Establecer condiciones. Me doy cuenta de que es muy fácil e infructuoso criticar la mala administración económica actual, por gastar de más, imprimir billetes de más y pagar de más, porque es una situación muy conocida para los argentinos y simplemente es la norma en este país. Lo que creo que se necesita son condiciones para esta norma. No son tan distintas de las condiciones respecto del amor y apoyo paternal hacia los hijos: recibir ayuda sólo cuando sea absolutamente necesario y de manera temporaria, para no depender permanentemente de ellos. En cambio, inviertan el dinero en la educación y en crear nuevas fuentes de trabajo, donde encontrarán la independencia. Una vez que tengan un ingreso, contribuyan al mismo sistema que los ayudó y los crió y elijan funcionarios que entiendan esto y puedan mantenerlo. Hace unos días supe que voy a ser padre por primera vez. Espero poder traer a mi hijo a la Argentina y criarlo en este bello país de gente maravillosa. Mi esposa y yo sólo podremos hacerlo si la Argentina deja de ser una economía de niños y se convierte en una economía para los niños.