Una agitada cuenta regresiva
Si el acuerdo entre el PJ cordobés y la cúpula kirchnerista nacional era endeble antes del acto de la silbatina, es obvio que nada cambió. Julio C. Perotti.
A unque hacia afuera todavía parece tibia, la cuenta regresiva hacia la elección de gobernador, el próximo 7 de agosto, mantiene agitados a los principales campamentos que participarán de la batalla. Tienen razones de sobra para estar inquietos: en algún caso, los coroneles no se ponen de acuerdo; en otro, la tropa está inquieta; en todos, las señales que llegan desde afuera provocan contrariedad y les lleva a pensar que es mejor defender la plaza propia que embarcarse en grandes contiendas.Poner un zoom sobre cada una de las tres principales fuerzas de Córdoba sirve para corroborar este cuadro. El peronismo todavía sufre los remezones de aquel miércoles cercano, en la Plaza de la Intendencia de la capital provincial, cuando la fiesta de las inauguraciones con la presidenta Cristina Fernández lo amargó, con los silbidos kirchneristas al gobernador Juan Schiaretti. Si el acuerdo entre el PJ cordobés y la cúpula kirchnerista nacional era endeble antes del acto, es obvio que nada cambió. Apenas se mantienen los trazos gruesos de una intención de coligarse, sin demasiados compromisos entre las partes.Ante esta tensión, forzada por grupos kirchneristas locales que nada quieren saber con el peronismo de Schiaretti y José Manuel de la Sota, no hay quien se atreva a sugerir que comience a escribirse la letra chica de un pacto. El día D. Por debajo de la macropolítica, muchos dirigentes se preguntan cuándo será el momento en que De la Sota descorra el velo y se declare candidato. La especulación más habitual de los correveidiles partidarios es que no lo hará hasta que, precisamente, selle el acuerdo con Cristina. Y esperan que éste comprometa en uno de sus puntos que no habrá una cuarta lista prohijada por la Casa Rosada, que le desvíe votos. Otros, también suspicaces, atribuyen la demora a la necesidad de acortar cuanto más pueda la campaña, para evitar un alto grado de exposición pública. Pero, hay que decirlo, son apenas especulaciones. El kirchnerismo cordobés , como lo hemos señalado en otras oportunidades, se alimenta de varias vertientes, en algunos casos poco amigas entre sí. Una señal de la Presidenta puede servir para alinear a los dirigentes, pero seguramente no alcanzará para dirigir el voto hacia donde lo quiere el peronismo mediterráneo. Como fuere, para el PJ cordobés resulta impensable una campaña que lo muestre acompañado por Cristina. Dos sectores a los que siempre De la Sota y Schiaretti trataron de seducir se lo impedirían: "Si nos mostramos con ella, va a ser difícil que no perdamos votos del campo; para peor, ahora los empresarios están horrorizados por esta injerencia del Estado en las compañías privadas. ¿Cómo lo explicamos?", sostuvo una calificada fuente del oficialismo. Juecismo en estado puro. De paso por el sitio donde acampan los juecistas, la situación interna no parece tampoco plácida. La reciente pelea entre el legislador punillense Rodrigo Serna y el candidato a vicegobernador, Marcelino Gatica, desnudó la existencia de disputas de pago chico, que obligan a Luis Juez a saldarlas, aunque no logre cerrar las heridas. En este caso, todo se originó por el apoyo que Gatica, intendente de Jesús María, dio a Esteban Avilés, adversario de Serna por la candidatura a intendente de Carlos Paz. Ningún favor se hizo Juez al amonestar a Serna por fijar su opinión; tampoco Serna ayudó al referente partidario cuando sostuvo que su reacción ante Gatica fue producto de "un ataque de juecismo".Si una lengua cordobesa, esta vez ajena, le trajo problemas a Juez, otra, la del líder de Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, puede ponerlo incómodo: el cineasta sostuvo que Salta, donde fue reelegido el peronista Juan Manuel Urtubey, "tiene una baja calidad de votos".Más allá del despiste de Solanas –el paraguas nacional bajo el que intenta cubrirse Juez–, todo parece orientado a empujar la candidatura presidencial de Hermes Binner, aunque el gobernador de Santa Fe aún espera para tomar una definición. Ante ello, Solanas se quedaría en la pelea por la ciudad de Buenos Aires."Si no es Binner, será un candidato que tendremos que instalar, pero que tendrá dos dirigentes de peso (en referencia a Juez y al propio Solanas) apoyándolo en la campaña", sostuvo una fuente de Proyecto Sur citada por el sitio lapoliticaonline. Una escala final por la Casa Radical muestra que la interna del domingo pasado apenas si sirvió para consagrar a Oscar Aguad como candidato a gobernador y a Ramón Mestre para la intendencia de Córdoba, pero no solidificó una unidad partidaria que hace varios años desapareció del viejo partido, a fuerza de derrotas. Cada cual atiende su juego. Es que los que no están cerca de los ganadores, mantienen la presión para ocupar lugares en las listas legislativas, mientras muchos intendentes se preocupan más por su poder territorial que por el escudo partidario. Nadie recuerda que haya avanzado aquella mesa que se conformó el 11 de febrero entre Aguad y los intendentes, para definir una estrategia común y limar asperezas. Y si los radicales creían en el envión que podían darles los precandidatos presidenciales compitiendo en una interna, lo que ocurrió en los últimos días les despintó cualquier ilusión.La consagración de Ricardo Alfonsín como candidato formal del partido y la decisión de Julio Cobos de bajarse, sumadas a la indefinición sobre competir en soledad o sumar a un acuerdo de partidos, volvió a poner a la fuerza en un interminable debate.Por si fuera poco, ahora se están peleando por la conducción partidaria, a la que quieren que vuelva el fallido precandidato presidencial Ernesto Sanz para reemplazar a Gerardo Morales, cuya visión de una alianza muchos no comparten.

