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Un ser maravilloso

En estos días, los cristianos hemos recordado el nacimiento de Jesús, un ser que se dio en sacrificio por todos.

27 de diciembre de 2022 a las 01:20 a. m.
Norberto Ruffa *
Un ser maravilloso
El Papa Francisco besa una estatua del Niño Jesús mientras preside la Misa de Nochebuena, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, el sábado 24 de diciembre de 2022. (AP/Gregorio Borgia)

Los cristianos hemos recordado en estos días el nacimiento de un ser maravilloso que dejó en este mundo huellas indelebles, reconocidas por toda la humanidad a través del tiempo. Este hombre, de cuya existencia hablan todos los historiadores, es para nosotros, los cristianos, nada más y nada menos que el hijo de Dios. Y, por extensión, la encarnación de Dios mismo, que habitó en este mundo.

Dice el apóstol Pablo, escribiendo a los colosenses, “porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud” (colosenses, cap. 1 vers. 19) y también dice: “porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad” (cap. 2 vers. 9).

Es un ser que, según los estudiosos de todos los tiempos, existió históricamente y es quien ha sido una de las personas más influyentes de la cultura mundial. Un predicador judío nacido en Belén de Judea, quien desarrolló su ministerio dos o tres años antes de su muerte en la región de Galilea. Predicaba el evangelio y realizaba numerosos milagros, favoreciendo con gran bendición a la sociedad en que vivía.

Predicaba la salvación y la limpieza de los pecados, y como maestro reconocido por todos hablaba del reino de Dios enseñando por medio de parábolas muy sencillas, que cualquiera podía entender. Estaba siempre cerca de los más humildes y de los más necesitados, y sanaba milagrosamente a través de la fe a los enfermos que recurrían a él.

Entregó su vida en una cruz, dándose en sacrificio a todo el mundo, para redimir al género humano con su muerte y posterior resurrección. Por tal motivo, los cristianos lo consideramos el salvador y redentor de la humanidad.

Jesús no está entre nosotros, pero nos dejó su espíritu santo. Les dijo a sus discípulos: “El espíritu santo les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho” (San Juan, 14:26).

Es por su espíritu que podemos tener en estos días en que celebramos su venida a este mundo la posibilidad de encontrarnos con quien nos ofrece su paz, su amor y el perdón de nuestros pecados, para que este reencuentro nos permita de esta manera reconciliarnos con él, y así obtener la vida victoriosa que tanto necesitamos para enfrentar las vicisitudes que se nos presentan cada día. Dios te bendiga.

* Pastor evangelista, miembro del Comipaz